lunes, 6 de enero de 2020

Hechos Historia Salutis 13: Tiempos De Refrigerio. Hechos 3:19-26.



Cuando Pedro y Juan, en cumplimiento de las tradiciones judías de su época, se dirigían al templo a orar a eso de las tres de la tarde, en una de las entradas se encontraron con un hombre lisiado de nacimiento, al cual Pedro lo miró fijamente y después de forma inmediata realizado un milagro más de los numerosos que encontramos en este libro, los pies del pobre hombre lisiado se fortalecieron y pudo hasta dar saltos de jubilo y agradecimiento al señor Jesucristo, en cuyo Nombre fue sanado.

Pedro, de inmediato aprovechó la oportunidad para predicar el mensaje del evangelio, aprendió bien al Señor Jesús, y tal y como lo hizo en el día de pentecostés, sigue un patrón bien definido, primero les explica el milagro, después les cita la Escritura y, por último, hace un llamado al arrepentimiento, y es esta última parte la que escudriñaremos el día de hoy.

19. Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado.

a. “Así que, arrepiéntanse y sean convertidos”. La conjunción así que, nos indica la unión de dos ideas, la primera el sermón de Pedro, la segunda, la aplicación de dicho sermón.  Una vez que Pedro ha mostrado la evidencia Escritural de que en el Señor Jesús se cumplieron las profecías del siervo sufriente del Señor llama a sus oyentes al arrepentimiento. “¿Qué haremos con su pecado?” era su principal preocupación.

Ellos deben renunciar a su antigua forma de vida y cambiar su manera de pensar para que ya no sigan sus viejos caminos, sino que escuchen obedientemente la Palabra de Dios que se ha cumplido en Jesucristo, metanoeo (μετανοέω, G3340) es el verbo griego usado por Lucas para referirse al arrepentimiento, un cambio de rumbo, de propósito y de pensamiento.

El arrepentimiento afecta la totalidad de la existencia del hombre; llega hasta lo más profundo de su ser y toca todas sus relaciones externas con Dios y con sus vecinos. El arrepentimiento es alejarse del pecado; la fe es volverse a Dios. Pedro le dice a la gente que se vuelva a Dios, lo que en lenguaje sencillo y llano es: arrepiéntanse y crean.

b. “Para que sean borrados sus pecados”. Pedro les presenta un cuadro de los pecados del hombre grabados de manera que pueden ser borrados, aun que no lo dice en ese momento, pero nosotros sabemos claramente que el único capaz de borrar los pecados es DIOS a través de Jesucristo. Pedro uso una forma hebrea de expresar un pensamiento sin usar el nombre de Dios.

Pedro hace mención indirecta al bautismo, que es el símbolo del lavamiento para la limpieza de los pecados. Pedro usa la palabra pecados en el plural para abarcar la totalidad de los pecados de los creyentes. Cuando Dios perdona los pecados del hombre, queda restaurada la relación entre él y el hombre. Esto significa que el hombre inicia un nuevo período en su vida. Pedro expresa este pensamiento en términos muy específicos, pues el les dice:

c. “Para que vengan de la presencia del Señor tiempos de descanso”. Esta es, verdaderamente, una cláusula muy interesante, que literalmente dice, “que pudieran venir tiempos de descanso de la presencia del Señor”. ¿Qué quiere decir Pedro con esto? La palabra descanso aparece sólo una vez en el NT y una en el texto de la Septuaginta correspondiente al AT (Éxodo 8:15. LXX). Los estudiosos no han podido establecer con certeza el significado de la palabra. A continuación, algunas sugerencias de su significado:

1. Los tiempos de descanso son “la era de la salvación, la cual es prometida a la nación de Israel si se arrepiente”.

2. La frase tiempos de descanso “se refiere al futuro y al regreso de Jesús”. A la luz del contexto, algunos comentaristas piensan que la frase describe el inminente regreso de Cristo.

3. Debido a que la frase tiempos de descanso está directamente relacionada con el arrepentimiento y la vuelta a Dios, se refiere a tiempos que están en el futuro inmediato, no remoto.

En vista de la incertidumbre que rodea a esta frase, evitaremos ser dogmáticos en nuestro análisis. La palabra tiempos está en el plural y significa lapsos en los cuales los creyentes perdonados y restaurados experimentan la refrescante cercanía del Señor. Nosotros preferimos apegarnos a esta interpretación, que además de no hacer violencia a la Escritura, es la que consideramos más apropiada. Cuando nos arrepentimos y creemos en el evangelio de la gracia experimentamos la refrescante cercanía del Señor en nuestra vida diaria.

d. “Y que envíe al Cristo, que les ha sido designado, a Jesús”. En respuesta al arrepentimiento del hombre y su vuelta a Dios, Dios envía a su Cristo. Pero ¿cuándo viene Cristo? Sabemos que Cristo vino a su pueblo, pero éste lo rechazó y lo mató.

·         Ahora, él viene a todo quien le escucha a través de la predicación de la Palabra de Dios.
·         Y al final de los tiempos, Dios enviará de nuevo a Cristo Jesús a la tierra.

Pero, ¿cuál es el contexto en el cual habla Pedro? Él se dirige a los judíos quienes, aunque no recibieron al Cristo anunciado por Dios cuando él vivió entre ellos, ahora reciben la oportunidad de reconocerle como su Mesías. En su gracia y amor, Dios les da una nueva oportunidad de conocer a Cristo.

Si lo rechazan esta segunda vez, no podrán arrepentirse cuando Jesús regrese a la tierra. Su arrepentimiento, por lo tanto, apresurará el retorno de Cristo. Pedro corrobora este pensamiento en su segunda epístola. 2ª Pedro 3:11–12.

21 a quien dé cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.

a. “Es necesario que permanece en el cielo”. En su sermón sobre el fin de los tiempos, Jesús dijo a los discípulos que nadie, sino solamente el Padre, conoce el tiempo exacto de su venida Mateo 24:36

Por tanto, Dios el Padre determina cuándo Jesús volverá a restaurar todas las cosas. Mientras tanto el evangelio de Cristo es predicado en la tierra, Jesús permanece en el cielo, desde donde dirige el desarrollo de su iglesia y de su reino. El no volverá sino hasta que “este evangelio del reino [haya sido] predicado en todo el mundo, como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” Mateo 24:14. Por lo tanto, no caigamos en las falacias dispensasionalistas en las cuales ven los acontecimientos internacionales, más específicamente los que tienen que ver con medio oriente, como señales proféticas del retorno de Cristo.

Israel no es el reloj profético de DIOS, las guerras en el golfo pérsico, contra Siria o Irán no marcan la pauta para el regreso de Cristo, la supuesta reconstrucción del templo de Jerusalén tampoco lo hace, solo Él Señor sabe el día y la hora, no caigamos en especulaciones ni mucho menos seamos presa del temor por dichos acontecimientos, que para nada salen del perfecto control de Nuestro Sabio DIOS, él cual tiene un propósito en ellos.

b. “Hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas”. ¿Qué quiere decir Pedro con estas palabras? En el contexto del pasaje, se dirige al pueblo judío que mira hacia adelante hacia el tiempo de la restauración de todas las cosas, tal como los profetas del AT escribieron.

Los tiempos de descanso que vienen como el resultado del arrepentimiento y la fe son presagios del tiempo de la completa restauración. Aunque los tiempos de refrigerio son periódicos y subjetivos, el tiempo de la restauración es permanente y objetivo. Según Pablo, la restauración será completada cuando todas las cosas queden sujetas a Cristo Jesús y cuando él entregue el reino a su Padre. 1ª Corintios 15:24.

c. “De que habló Dios hace tiempo por boca de sus santos profetas”. Pedro da veracidad a su declaración recurriendo nuevamente a las profecías del AT 1ª Pedro 1:10–12; 2ª Pedro 1:19–21. Él llama a los profetas santos porque ellos comunican la revelación divina. En un sentido, repite la fraseología del versículo 18, donde dice que “Dios cumplió así las cosas que antes había anunciado por boca de todos los profetas”. Dios hizo promesas a través de sus voceros los profetas. ¿Qué dijeron los profetas?

22. Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; 23 y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.

a. “Porque Moisés dijo”. De entre los profetas del AT, Pedro escoge el ejemplo de Moisés. Nadie puede contradecir el status profético de Moisés, porque fue Dios mismo quien se lo dio Dt. 18:18. Desde la zarza ardiendo, Dios llamó a Moisés a ser su profeta Ex. 3:4; otros profetas recibieron un llamado similar. 1 S. 3:1–14; Is. 6:1–13; Jer. 1:4–19; Ez. 1:1–3. Moisés, entonces, es el primero en la línea de los profetas y el más grande de ellos.

b. “El Señor Dios les levantará un profeta”. Pedro cita un pasaje muy conocido del AT. Hace un resumen de las palabras dichas por Moisés y registradas en Deuteronomio 18:15–20. Los Evangelios apuntan a esta misma porción en numerosas ocasiones y el mismo Esteban en su discurso ante el Sanedrín la cita parcialmente. Las traducciones tanto del hebreo como de la Septuaginta difieren en cuanto a su fraseología, aunque el significado sigue siendo casi idéntico.

c. “De entre sus hermanos, como a mí”. En cumplimiento de las profecías del AT, Cristo es un profeta como Moisés, habla las palabras que Dios le ha dado, y llama al pueblo judío a que escuche obedientemente todo lo que él tiene que decirles. La conclusión es que todo aquel que rehusé escuchar a Jesús está reusándose a escuchar a DIOS y por consecuencia “será cortado de su pueblo” ¿Es Cristo como Moisés? Moisés dice que Dios levantará un profeta como él. Los judíos consideraban a Moisés el profeta más grande sobre la tierra, porque Dios le habló cara a cara. Números 12:8. También tenían conocimiento de este elocuente testimonio relacionado con Moisés. Deuteronomio 34:10–12. Pero Cristo sobrepasó a Moisés en todo sentido.

El escritor de Hebreos lo afirma brevemente cuando dice que:

·         Moisés fue un siervo en la casa de Dios, pero Cristo es un hijo sobre la casa de Dios Hebreos 3:5–6.
·         Moisés instituyó el primer pacto para la nación de Israel Ex. 24:3–8, pero este pacto llegó a quedar obsoleto Heb. 8:13 cuando Cristo instituyó el nuevo pacto en su sangre para las gentes de todas las naciones Mateo 26:28; 1ª Corintios 11:25.

Cristo es un profeta que, como Moisés, humanamente hablando es un descendiente de Abraham y miembro por eso de la nación israelita. Los judíos que oyen a Pedro deben reconocer que Cristo indudablemente fue el cumplimiento de las palabras proféticas de Moisés.

d. “A él oigan todo lo que les hable”. Con esta profecía, Pedro pareciera estar diciendo a los oyentes israelitas que, si ellos creen y obedecen las palabras de Moisés, también deben creer y obedecer a Jesús. Moisés profetizó acerca del Cristo, y Cristo habló acerca de Moisés Juan 5:45–46. El pueblo judío esperaba la venida de “el Profeta”, como lo repitieron vez tras vez durante el ministerio de Jesús. Y muchas veces llamaron a Jesús profeta o el Profeta.

e. “Y cualquiera que no oiga a aquel profeta, será desarraigado del pueblo”. Aquí tenemos los típicos dos lados de la moneda. Por una parte, Dios da la orden de obedecer; por la otra, indica cuáles son las consecuencias de la desobediencia. Llama a los israelitas a oír las palabras de Moisés que hablan del Cristo. Les ordena escuchar el mensaje de Cristo. Pero Dios encontró mala voluntad cuando su pueblo rehusaba obedecer a Jesús durante su ministerio terrenal. Ahora de nuevo les habla por boca de uno de los apóstoles de Cristo. Si los israelitas continúan en su actitud de desobediencia, serán desarraigados del pueblo de Dios.

24. Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días.

La línea de razonamiento que Pedro traza establece que todos los profetas, desde Moisés hasta Samuel y todos cuantos les han seguido, han hablado acerca de la venida del Mesías. Después de citar la profecía de Moisés en los versículos precedentes, Pedro menciona a Samuel.

En el período entre Moisés y Samuel, los profetas no profetizaron respecto al Cristo. Por esta razón, Pedro omite ese período y continúa con Samuel, quien en los escritos judíos era conocido como el maestro de los profetas; sin embargo, las Escrituras no dan indicación alguna de que Samuel haya profetizado o enseñado a los profetas.
Si tomamos el nombre Samuel para referirnos al período que cubre el tiempo de los libros atribuidos a él, encontramos algunas alusiones proféticas al Mesías. Por ejemplo, el profeta Natán informa a David que de su descendencia Dios levantará un reino para siempre 2ª S. 7:12–14; Hch. 2:30; Heb. 1:5.

La primitiva comunidad cristiana investigó atentamente las profecías del AT para comprobar que Jesús de Nazaret las había cumplido. En sus sermones y epístolas, Pedro y Pablo repetidamente citan estas profecías para mostrar que Jesús es, sin lugar a dudas, el Mesías prometido y profetizado por todo el AT.

25. Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.

Que Lucas nos da un resumen del sermón de Pedro es especialmente evidente en este versículo. La conexión entre éste y el versículo precedente es la frase herederos de los profetas. ¿Quiénes son estos herederos? Pedro dice a sus oyentes: “ustedes son”. Según Pablo, la misma palabra de Dios le fue confiada al pueblo judío. Romanos 3:2.

La frase herederos de los profetas, entonces, da a entender que los judíos fueron los receptores de las profecías que en último término proceden de Dios en forma de la Escritura.

Además, los judíos son herederos del pacto que Dios hizo con Abraham y sus descendientes. lo cual fue confirmado por la nación de Israel en los días de Moisés. Por lo tanto, Pedro procede de los tiempos de Moisés hasta el período más temprano en que Dios hizo el pacto con Abraham y le prometió a él y a su descendencia bendiciones incalculables.

Dios selló sus palabras con un pacto que habría de trascender los siglos y que llegaría a beneficiar a todos los descendientes espirituales de Abraham. Dios dijo a Abraham: “Y a través de tu descendencia todas las familias de la tierra serán benditas”.  

En griego, la palabra descendencia es “semilla” (en el singular) y así, llama la atención a una persona, obviamente se trata de Cristo. Gálatas 3:16.

En sus platicas teológicas, tanto Pedro como Pablo llaman la atención a la persona de Jesucristo. Pedro cita directamente de la Septuaginta, que describe la escena de Abraham ofreciendo a Isaac en el monte Moriah. Sus oyentes se consideran “herederos del pacto” que Dios hizo con Israel y piensan que los gentiles no tienen ninguna participación en él.

Pero la bien conocida cita del AT incluye a todas las naciones de la tierra. Pedro no las menciona, aun cuando las palabras de la Gran Comisión, “haced discípulos en todas las naciones” (Mt. 28:19), están registradas en forma indeleble en su memoria. El hace saber a sus oyentes, sin embargo, que Jesús ha venido a bendecirles a ellos primero, porque el evangelio debe ser proclamado primero a los miembros de la casa de Israel (Mt. 10:6; Ro. 1:16; 2:10).

26. A vosotros, primeramente, Dios, habiendo levantado a su siervo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.

a. “Cuando Dios levantó a su siervo”. Dios determinó que Jesucristo tomara el lugar de Abraham para que se cumplieran las palabras dichas a Abraham: “A través de tu descendencia [esto es, Cristo] serán benditas … todas las familias de la tierra” (Gn. 12:3). Por lo tanto, el verbo levantó no se refiere a la resurrección, sino a la designación de Cristo para servir como la descendencia de Abraham. Pedro de nuevo (v. 13) llama a Jesús el siervo de Dios, lo que parece ser una forma estándar de llamarle (4:27,30). Pedro obtiene esta terminología del AT que identifica a Jesús con el siervo sufriente de Isaías.

b. “Le envió primero para bendecirles”. La misión de Cristo es bendecir en palabras y hechos a los descendientes espirituales de Abraham. ¿A quién bendice Jesús primero? El texto claramente establece que él va primero a los judíos: “[Dios] les envió primero a ustedes”. Por esto Pedro predica su sermón al auditorio judío en el Pórtico de Salomón.

En este momento, Pedro no entra en muchos detalles respecto de que el rechazo de Cristo por los judíos implica por otro lado una apertura hacia los gentiles. Esto es lo que dijo Pablo a los judíos de Antioquía de Pisidia: “A ustedes a la verdad era necesario que se les hablase primero la palabra de Dios; más puesto que la desechan, y no se juzgan dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles” (13:46).

¿Cuál es la bendición que Jesús concede? Pedro dice: “[Se le envió] para bendecirles, al convertirse cada uno de sus maldades”. La bendición, entonces, es el arrepentimiento y la salvación. Esta es una repetición del mandamiento de Pedro pronunciado antes (v. 19), con la diferencia de que entendemos que Cristo es clave en el proceso de convertirse del mal. Pedro habla francamente cuando dice a los judíos que Cristo los hace volverse “de [sus] maldades”. Él es el Salvador de su pueblo.

Resumen del Capítulo 3.

Pedro y Juan van juntos al templo a la hora fijada para la oración. Allí, en la puerta llamada la Hermosa, Pedro sana a un paralítico. La multitud queda atónita y se reúne en torno de los apóstoles y del hombre sanado. Pedro aprovecha la oportunidad y predica un sermón. Dice al gentío que él no tiene ningún poder en él mismo de sanar, pero que el hombre fue sanado en el nombre de Cristo Jesús.

Les recuerda que ellos mataron a Jesús, pero que Dios lo levantó de la muerte. Los consuela y los amonesta a arrepentirse para que sean perdonados y reciban a Cristo. Les instruye en las profecías del AT a través de tomar un ejemplo del testimonio de Moisés. Les dice que todos los profetas hablan de Cristo y que las bendiciones del pacto prometidas a los descendientes de Abraham vienen ahora a través de Jesucristo, quien los hace volverse de sus malos caminos.

¿Qué en cuanto a los gentiles? Pedro lo respondió en el versículo 25. Los judíos eran hijos de Abraham y del pacto de Dios, y Él guardaría su promesa a Abraham y bendeciría a los gentiles mediante Israel. Es por eso que los apóstoles no pudieron comprender por qué Pablo se marchó a los gentiles después que Israel fue desechado. No se dieron cuenta entonces del «programa de misterio» que Dios reveló a través de Pablo, de que mediante la caída de Israel los gentiles serían salvos. Romanos 11.11-12.

Este programa fue un «misterio» oculto en los días del AT, pero revelado a través de Pablo sobre todo en Efesios 3. Cuando la nación mató a Esteban y cometió el «pecado imperdonable» contra el Espíritu Santo, a partir de ese día Israel fue puesto a un lado y la Iglesia pasó al escenario central.

¿Cómo respondió la nación a la invitación? Mucha de la gente común creyó y se salvó, pero los gobernantes hicieron arrestar a los apóstoles. Los saduceos, por supuesto, no creían en la resurrección, y rechazaron el mensaje de Pedro de que Cristo había resucitado de entre los muertos. Los fariseos detestaban a Jesús porque los había condenado (Mt 23). Comenzó la persecución que Cristo prometió a los apóstoles en Juan 15.18–16.4, como lo veremos en el próximo capítulo.

Dios estaba ahora dando a Israel una oportunidad más para recibir a su Mesías. Pedro prometió, en los versículos 19–20, que, si la nación se arrepentía y recibía al Señor,

·         Él borraría sus pecados (Is 43.25; 44.22–23).
·         Enviaría a Cristo y daría «tiempos de refrigerio». 














Hechos Historia Salutis 12: Jesucristo Es El Objeto De Nuestra Fe. Hechos 3:11-18.




La semana pasada comenzamos a escudriñar el tercer capitulo del libro de Hechos, el cual es corto, pero al mismo tiempo muy relevante, en esté capitulo nos encontramos con Pedro u Juan yendo como era costumbre de los judíos de su época, a orar al templo a las hora novena que son las 3 de la tarde, en una de las puertas de entrada, se encontraron con un limosnero invalido de nacimiento, al cual pedro, en el nombre de Jesucristo de Nazareth levanta y de inmediato comienza a caminar y dar saltos de jubilo y agradecimiento a DIOS por tan maravillosa obra.

Pedro realizó este milagro, no sólo para aliviar la invalidez del hombre y salvar su alma, sino también para probar a los judíos que el Espíritu Santo había venido con las bendiciones prometidas. Isaías 35.6 promete a los judíos que Israel disfrutaría de tales milagros cuando recibieran a su Mesías.

Pedro es un verdadero misionero de Jesús. Ve una oportunidad para testificar de su Señor y la aprovecha. Realiza un milagro, observa su efecto, y de inmediato se dirige a la gente que se ha reunido. Sabe que su auditorio está “maravillado y lleno de asombro”, tiene una actitud positiva hacia él y quieren oír una explicación.

11. Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón.

Lucas no da detalles acerca del culto de oración en el Patio de los hombres. Suponemos que el paralítico que fue sanado no les permitió pasar inadvertidos pues se mantuvo cerca de ellos e hizo notar a la multitud que los discípulos de Jesús habían sido instrumentos para su sanidad.

El foco de atención está, por eso, en Pedro y Juan. Lucas escribe: “Todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos”. Cuando los apóstoles pasaron a través del Atrio de los gentiles al Pórtico de Salomón, un gentío empezó a rodearles.

El pórtico estaba cubierto por un techo de cedro, y el lugar mismo constituía un amplio salón que podía albergar a innumerables personas. Este fue el lugar donde Jesús se reunió con los líderes judíos cuando vino a Jerusalén para la celebración de la Fiesta de la dedicación o Hanuká (Jn. 10:22). Y fue aquí, precisamente, donde la multitud, curiosa y asombrada, se reunió en torno de Pedro y de Juan para saber qué había pasado con el paralítico.

12. Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?

Pedro tiene un auditorio listo para escuchar su explicación. La gente está asombrada por el milagro que acaba de ocurrir. No hay escepticismo; la mofa que se escuchó el día de Pentecostés ahora está ausente. Por todo esto, Pedro tiene una oportunidad excepcional de proclamar el evangelio. Como en su sermón en Pentecostés, primero explica las circunstancias en que ha ocurrido el milagro, luego pone al corriente a sus oyentes con la muerte y resurrección de Jesucristo, y finalmente los llama a arrepentirse mediante la fe.

a. “Varones israelitas”. Pedro vuelve a usar la forma familiar que usó en su sermón de Pentecostés para comenzar su sermón porque está hablando a ciudadanos judíos que conocen el AT y que no ignoran de los milagros realizados por Jesús. Les habla como el pueblo de Dios y les dice que no deben sorprenderse por el milagro que ven en el paralítico. Por implicación, les recuerda las obras de Jesús de Nazaret, cuyo poder continúa actuando en sus seguidores inmediatos.

b. “¿Por qué nos miran como si por nuestro propio poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?” Pedro reprueba a su auditorio judío y los amonesta que no miren lo que los hombres hacen sino al poder de Dios. Lucas establece un paralelo con el pueblo de Listra, quienes creyeron que Pablo y Bernabé eran dioses después que sanaron a un paralítico (14:8–18).

Por supuesto, la gente de Jerusalén no pretendía adorar a Pedro y a Juan, pero sí creían que ellos tenían un poder en sí mismos que les había permitido hacer caminar al hombre cojo. Pedro les dice que no deben ver lo que los hombres hacen, sino la gloria de Dios. Otra gran diferencia con los charlatanes de la actualidad, ya sea los milagreros o los motivadores, ambos atraen la atención a ellos mismos, robando así el honor que solo nuestro Señor Jesús se merece.

13. El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad.

Es obvio que Lucas presenta sólo un extracto del sermón de Pedro, lo inspirado por el Espíritu Santo y por lo tanto lo necesario para nosotros. Lo que dice muestra claramente que Pedro apela a los motivos religiosos de sus oyentes. Después de dirigirse a ellos como: “Varones israelitas”, hace notar que Dios es el Dios de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob. Al decir esto, Pedro está tocando una parte básica del fundamento religioso de Israel. Dios se reveló a sí mismo a los antepasados de los cuales Abraham, Isaac y Jacob son las tres primeras generaciones.

Aquí encontramos las mismas palabras que Dios habló a Moisés desde la zarza ardiendo. Éxodo 3:6,15. Jesús también pronunció estas mismas palabras cuando él, en su discurso a los saduceos acerca de la doctrina de la resurrección, les dijo que Dios es un Dios de vivos y no de muertos. Mt. 22:32; Mr. 12:26–27; Lc. 20:37–38. Por último, Esteban las menciona en su discurso ante el Sanedrín (7:32).

Definitivamente, Dios es el Dios de los antepasados de Israel. Pedro continúa y dice: “El Dios de nuestros padres ha glorificado a su siervo Jesús”. Les dice que Jesús se encuentra en la línea de los patriarcas y de los antepasados espirituales del pueblo judío. Dios ha glorificado a Jesús, a quien Pedro deliberadamente llama “siervo” pues la palabra que se tradujo Hijo en este verso, del griego pais (παι̂ς, G3816) se traduce mejor como Siervo, Pedro lo hace para recordar a sus oyentes la profecía de Isaías respecto a los sufrimientos y gloria del siervo del Señor en Isaías 52:13–53:12. Ellos necesitan saber que Jesús cumplió esta profecía mesiánica y saber que por lo tanto Jesús es el siervo de Dios por excelencia.

Pedro después les dice que “entregaron (a él) y negaron (a él) delante de Pilato, aunque éste había resuelto ponerle en libertad”. Pone el peso de la culpa donde corresponde. Los judíos son responsables por la muerte del siervo de Dios, a quien Dios glorificó resucitándole de la muerte. Posteriormente, él ascendió al cielo para ocupar su lugar a la diestra de Dios.

En presencia de Poncio Pilato, los judíos repudiaron al siervo de Dios, quien había venido a su propio pueblo Jn. 1:11. Y aun cuando Pilato quería dejar libre a Jesús porque no encontró base alguna para fallar en su contra, ellos le pusieron a Pilato una difícil prueba. Primero lo forzaron a mantener su lealtad al César y seguido lo hicieron ceder a sus demandas de crucificar a Jesús.

14. Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, 15 y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.

Los judíos tenían que haber sabido por la lectura del AT que el Mesías es llamado Santo. Por ejemplo, en su sermón de Pentecostés, Pedro les recordó de este hecho citando el Salmo 16:10: “Ni permitirás que tu santo vea corrupción”. Aclaró que David no estaba hablando de sí mismo sino de Cristo. Y la gente sabía por los profetas que el Mesías es el Justo. Así, en Isaías 53:11 leemos: “Por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos”.

“Mataron al Autor de la vida”. La acusación de Pedro está dirigida certeramente a la conciencia de su auditorio, él no echa la culpa a Poncio Pilato, quien mandó a los soldados que crucificaron a Jesús. Culpa al pueblo judío el que, incitado por los jefes de los sacerdotes y los ancianos, exigieron la muerte de Jesús. Les declara que también ellos son asesinos.

He aquí el crudo contraste y la profundidad de su crimen: le piden a Pilato que suelte a Barrabás el asesino y que dé muerte al Autor de la vida. Pero Jesús es el dador de la vida y, por lo tanto, es la fuente de la vida. El hombre mortal, sin embargo, es incapaz de matar al autor de la vida, quien ha resucitado de la tumba, así que solo es una figura retorica con el fin de resaltar aun más la culpabilidad de los judíos que le escuchan.

“a quien Dios resucitó de la muerte, de lo cual nosotros somos testigos”. Un tema característico que los apóstoles Pedro y Pablo usan en sus sermones aparece en esta secuencia: ustedes los judíos mataron a Jesús; Dios lo levantó de la muerte; y nosotros los apóstoles somos testigos de ello. Si Dios levantó a Jesús de entre los muertos, entonces, por implicación, él también puede dar vida a sus asesinos. En otras palabras, el anuncio triunfante de Pedro: “Dios resucitó [a Jesús] de la muerte”, se extiende hasta alcanzar a los acusados.

Cuando ellos ven el error de su camino y se vuelven a Dios en arrepentimiento y fe, Dios está dispuesto a perdonarles y restaurarles como su pueblo y darles vida eterna. Los apóstoles son testigos de la resurrección de Cristo y proclaman las buenas nuevas de vida y sanidad en su nombre.

16. Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste está completa sanidad en presencia de todos vosotros.

Fe en el nombre de Jesús es el requisito básico que Pedro pone delante de sus oyentes. Por fe en Jesús resucitado y glorificado los apóstoles pueden operar milagros. Las expresiones fe y su nombre aparecen dos veces en este versículo. Vamos a analizar estos dos conceptos:

a. Fe. La pregunta que nos tenemos que hacer es si Pedro habla de la fe de los apóstoles o de la fe del paralítico. La respuesta, por supuesto, es que ambos los apóstoles y el mendigo tuvieron fe. Pedro y Juan efectuaron el milagro sólo porque creían con una fe absoluta que Jesús les daría el poder de sanar.

Podemos entender que el mendigo también creyó que el Señor lo sanaría, aun cuando Lucas no nos dice nada acerca de su fe en el momento en que el milagro se produjo. Esta fe, como Pedro lo deja claro, viene a través de Jesús. Sólo a través de él es la fe efectiva, como se hace evidente en la sanidad del mendigo: “Y la fe que viene por él ha dado a éste completa sanidad”. Fe y el nombre de Jesús son los dos lados de la misma moneda que representa la sanidad. En resumen, fe es la forma y el nombre de Jesús es la causa de la restauración del hombre.

b. Nombre. Lucas, refleja el énfasis de Pedro en el nombre de Jesús, el cual menciona repetidamente. Literalmente, el texto dice: “Es el nombre de Jesús el cual ha fortalecido a este hombre a quien ustedes ven y conocen”.

Cuando Pedro dijo al paralítico, “En el nombre de Jesús de Nazaret, levántate y anda” (v. 6), él no se limita a pronunciar una fórmula mágica que causa el milagro. Por el contrario, por fe en el nombre de Jesús él confió que el divino poder de Jesús fluiría a través suyo para sanar al paralítico.

Fe en el nombre de Jesús demanda una reacción de parte del mendigo, quien extiende su mano derecha hacia Pedro y se da cuenta que sus pies y tobillos están fuertes. Con esta evidencia, que puede ser vista por todos los presentes, Pedro está ahora en el punto de pedir a los judíos que pongan su fe en Jesús.

Pedro ha puesto al descubierto la miserable situación de sus oyentes, quienes ahora ven su culpa ante Dios, la culpa de haber matado a Jesús, el autor de la vida, se mantiene. Pedro se dirige a ellos con palabras afectuosas y con un interés y preocupación pastoral. Se ubica él mismo a nivel de ellos y les da palabras de consuelo.

17. Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes.

Ignorancia. Después de explicar los acontecimientos del pasado reciente que son conocidos a cada oyente en su auditorio, Pedro vuelve a la situación presente. En tono gentil les pregunta: “¿Qué haremos con su pecado?” Dado que la gente mira a Pedro en busca de ayuda, tiene en sus manos una magnífica oportunidad para guiarles al arrepentimiento y fe en Jesucristo.

Como un pastor amoroso admite que sus oyentes, a quienes ha tratado de “hermanos”, cometieron su crimen por ignorancia. Pecaron sin intención, siendo arrastrados por la chusma desenfrenada que les hizo gritar: “¡Crucifícale!” Si ellos hubieran pecado con soberbia, la situación sería diferente, pues Dios dice que él no perdona al hombre que peca con soberbia. Números 15:30–31. El pueblo judío, sin embargo, pecó ingenuamente debido a su ceguera espiritual.

Los judíos no se dieron cuenta que Jesús de Nazaret vino a ellos como su Mesías. Ni entendieron la Escritura, que hablaba de un Siervo sufriente, es decir, el Mesías. En su sermón a los judíos en Antioquía de Pisidia, Pablo dice que el pueblo de Jerusalén y sus gobernantes no reconocieron a Jesús (13:27). No obstante, su culpa, que puede ser quitada sólo por el arrepentimiento y por el perdón amoroso de Cristo, se mantiene. El amor de Cristo está presente. Aun en la cruz, Jesús oró por las personas que lo mataban: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34).

En estas palabras, Pedro también incluye a los dirigentes de los judíos: “Y ahora, hermanos, sé que por ignorancia actuaron, como también hicieron sus gobernantes”. Esta afirmación general no quiere decir que cada uno de los dirigentes judíos actuó por ignorancia, pero si hay algunos de entre ellos que libran el actuar con soberbia, Nicodemo es un ejemplo de ello.

18. Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.

Cumplimiento. Pedro repite las palabras que Jesús había dicho primero a los dos hombres de Emaús y más tarde en el aposento alto cuando abrió las Escrituras y dijo a los discípulos que el Cristo habría de sufrir y entrar en su gloria. Pedro basa su sermón en el AT y dice a su auditorio que Jesús es el cumplimiento de la profecía.

En realidad, está afirmando esto cuando dice que “Dios cumplió así las cosas que antes había anunciado por boca de todos los profetas”. Dios habla a través de sus siervos los profetas, pero su palabra es cumplida mediante Jesucristo, su Hijo. Dios, entonces, provee continuidad en su revelación. Hace saber que la comunidad cristiana vive en la era del cumplimiento. Así, los primeros cristianos ven en el AT la humillación y el sufrimiento de Cristo como el camino que conduce a la gloria.

Los profetas en el Antiguo Testamento profetizaron que el “Cristo sufriría” Isaías 50:6; 53:3–12; 1ª Pedro 1:10– 12.

Porque conocían los escritos de los profetas, deben haber sabido de estos hechos. Jesús dijo a los hombres camino a Emaús que ellos eran “tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho”; y en el aposento alto después de resucitar, Jesús abrió el entendimiento de sus discípulos para que pudieran entender las Escrituras.

Ahora Pedro sigue el ejemplo que Jesús dio e instruye a sus oyentes en la enseñanza respecto a los sufrimientos del Mesías. Les dice que Jesús sufrió y murió en la cruz, porque los judíos lo entregaron para que fuera crucificado. También les muestra el camino del arrepentimiento, el volverse a Dios, la remisión de pecados y una vida renovada y refrescante.

Conclusión.

Pedro usó esta curación como una oportunidad para presentar a Cristo y ofrecer perdón a la nación. Nótese que se dirige a los «varones israelitas», como lo hizo en 2.14 y 22. Les predicó a Cristo y les acusó de negar a su Mesías. Justo unas pocas semanas antes Pedro mismo había negado a Cristo tres veces. Sin embargo, debido a que confesó su pecado y arregló las cuentas con el Señor pudo olvidar su fracaso.

El versículo 17 es de mucha importancia, porque Pedro allí afirmó que la ignorancia de Israel le hizo cometer este crimen terrible. La ignorancia no es excusa, pero sí afecta la pena que se impone. Por eso es que Jesús oró: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23.34). Sin embargo, el tema que sobresale en estos cortos versículos es la fe y le objeto sobre el cual es depositad: el nombre de Cristo.

Tanto Pedro y Juan para efectuar el milagro, como el paralitico para recibirlo hicieron uso de este tipo de fe salvífica, transformadora cuyo único objeto es Cristo, no fue solamente creer con muchas ganas o que haya sido muy intensa o sentimental, el punto es que la fe que DIOS les dio en la eternidad pasada se activó aquí en el tiempo porque fue depositada en la persona de Jesucristo.

Como dice Louis Berkhof: El objeto de la fe salvífica es el Señor Jesucristo y sus promesas de redención. Para ser más específicos, no es el acto de la fe en sí mismo como tal el que salva, sino más bien es lo que recibimos por medio de la Fe, lo que nos justifica y por tanto lo que nos salva. Hay un determinado número de acontecimientos salvíficos y en consecuencia de doctrinas acerca de Cristo y su obra redentiva, así como promesas hechas por Cristo mismo a los hombres, cada pecador ha de creer en estos hechos y en estas promesas.



Hay dos preguntas que surgen y al contestarlas llegaremos al cenit den nuestra enseñanza:

¿Qué hace creíble el objeto de nuestra fe?  ¿Qué lo respalda, que hace que tenga crédito por encima de otros objetos en que podamos creer (buda, Mahoma, panteísmo, por ejemplo)? Respondemos que la veracidad y la fidelidad de DIOS en conexión con las promesas hechas en el evangelio.

Nosotros conocemos por medio de las Escrituras la Veracidad y la Fidelidad de DIOS a cumplir con cada una de sus promesas, Él no es hombre para mentir, ni hijo de hombre para arrepentirse de cumplir algo que haya prometido, por eso es que nos apegamos a la Sola Scriptura y su supremacía.

¿Qué hace que nosotros creamos en el objeto de nuestra FE? Es bien sabido por todos, que muchos otros también conocen la biblia, y hasta admiten que DIOS es fiel a cumplir con sus promesas, pero no por eso poseen la fe salvífica.

¿Por qué nosotros creemos y otros no lo hacen? Lo que hace que nosotros depositemos nuestra Fe en la persona y obra del Señor Jesucristo es el testimonio interno del Espíritu Santo a nuestro corazón es lo que nos inclina a creer. Juan 6:44. Romanos 4.20-21. Romanos 8:6. Efesios 1:13. Efesios 2:8. 1ª Juan 4.13. 1ª Juan 5:7-10.

Un Dios Santo 11: Contender con Dios Parte 1. Habacuc 1:2-4.

La máxima expresión de la ira y la justicia de Dios se pueden ver en la cruz del calvario, es ahí donde la justicia santa de Dios se hace ...