miércoles, 21 de agosto de 2019

Apologética 2: Tipos de Apologética. Génesis 1:1.



La clase pasada entendimos que la apologética, como disciplina bíblica es la defensa sistemática y formal de la veracidad y confiabilidad de la fe cristiana, tiene como propósito anular los argumentos y excusas que se levantan en la mente del hombre y que son en contra de la Verdad de DIOS.


La apologética es para todos los verdaderos cristianos, todos los creyentes estamos llamados a presentar defensa de la esperanza que hay en nosotros así que dejemos las excusas y sobre todo la pereza intelectual, y también es para los incrédulos, pues es la herramienta que nos condice al tema principal: la salvación por gracia por medio de la Fe en Jesucristo.

Concluimos que hoy más que nunca, por la cultura que nos rodea, por las cosmovisiones que empujan en contra del cristianismo bíblico, por el gran deterioro de la sociedad, la iglesia, la familia y el estado, es urgente que los hijos de DIOS aprendamos a defender y presentar efectivamente la fe que ha sido dada para nuestra salvación. 

El día de hoy veremos algunos sistemas apologéticos que es básicamente las categorías en las que se divide la apologética.

Tipos de apologética.

Existen distintas clases de sistemas apologéticos y no existe un acuerdo universal para categorizarlos. La diferencia de clasificaciones parece estar determinada por la perspectiva de la persona que los categoriza. Sin embargo, existen algunos términos que son aceptados generalmente y uno puede emplearlos así que veremos los distintos tipos de sistemas apologéticos más populares.

A pesar del hecho que las categorías no son lógicamente exhaustivas y se superponen parece que lo mejor es simplemente usar títulos entendidos por todos y establecer las diferencias y las similitudes. Tres puntos nos ayudan a entender cada tipo: descripción de algunas características principales, sus proponentes y cómo se superponen y/o contrastan con otras categorías.

A.  Apologética Clásica.

1.    Características

La apologética clásica enfatiza los argumentos para probar la existencia de Dios, así como la evidencia histórica que apoya la verdad del cristianismo.

La apologética clásica está caracterizada por dos argumentos básicos, acerca de la realidad de DIOS conocidos como teísticos, y acerca de las evidencias que respaldan la fe, llamados evidénciales.

Los argumentos teísticos son usados para establecer la verdad de la existencia de DIOS, pero sin basarse en revelaciones especiales, en nuestro caso, la Biblia. La apologética clásica acepta la validez de las pruebas teístas tradicionales acerca de Dios, como el argumento ontológico, el argumento cosmológico y argumento teleológico. Muchos también creen que el argumento moral es válido.

El primer paso de la apologética clásica involucra también el dibujar la inferencia lógica que dice que, si Dios existe, los milagros son posibles; incluso, el mayor milagro, la creación, es posible.

2.    Promotores.

La apologética clásica fue practicada por San Agustín, San Anselmo y Santo Tomás de Aquino. Los apologistas clásicos modernos incluyen a Winfried Corduan, William Lane Craig, Norman L. Geisler, John Gerstner, Stuart Hackett, Peter Kreeft, C. S. Lewis, J. P. Moreland, John Locke, William Paley, R. C. Sproul y B. B. Warfield.

3.    Comparación con otros tipos de apologética.

La diferencia entre los apologistas clásicos y los evidencialistas en el uso de la evidencia histórica es que los clásicos ven la necesidad de establecer primero que este es un universo teísta con el fin de establecer la posibilidad de darle identidad a los milagros. Los evidencialistas no ven al teísmo como una precondición necesariamente lógica de apologética histórica.

El argumento básico de los apologistas clásicos es que no tiene sentido hablar acerca de la resurrección como un acto de Dios a menos que, como un prerrequisito lógico, se establece primeramente que hay un Dios que puede actuar. De la misma manera, la Biblia no puede ser la Palabra de Dios a menos que exista un Dios que pueda hablar. Y Cristo no puede ser mostrado como el Hijo de Dios excepto en la premisa de que existe un Dios que puede tener un Hijo.

B.  Apologética Evidencial.

La apologética evidencial enfatiza la necesidad de evidencia para apoyar las verdades del cristianismo.

La evidencia puede ser racional, histórica, arqueológica e incluso experimental. Dado que es tan amplia, su entendimiento se superpone con otros tipos de apologética.

1.    Algunas características de la apologética evidencial.

Dado que los evidencialistas abarcan una gran y diversa categoría, sus características serán delineadas según el tipo de evidencia. A veces los evidencialistas usan evidencia racional (ej. pruebas de la existencia de Dios) en defensa del cristianismo. Como tal, se superponen con la apologética clásica. Sin embargo, para un evidencialista, ésta es solamente una pieza de la evidencia.

En el uso de la evidencia histórica hay otra vez una superposición con la apologética evidencial y la histórica. Los evidencialistas no descansan todo su caso en la evidencia histórica. Estos son más selectos, entretejiendo la evidencia de varios campos. Los evidencialistas operan como un abogado que combina las evidencias en un resumen para defender su posición, confiando en que el peso combinado presentará un caso persuasivo. Muchos evidencialistas se enfocan en la evidencia arqueológica en apoyo a la Biblia.

Enfatizan que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamentos han sido establecidos por miles de descubrimientos. Esto, según creen ellos, les da la razón para aceptar la autoridad divina de las Escrituras.

Algunos evidencialistas apelan a la evidencia experiencial en apoyo al cristianismo, las más de las veces en aquéllos cuya vida ha sido cambiada. El testimonio de aquellos convertidos al cristianismo es ofrecido como evidencia de la verdad del cristianismo. ¿Cómo más, se argumenta, puede uno explicar los cambios dramáticos, transformadores, duradera y muchas veces radical? La conversión de Saulo de Tarso en Hechos 9 es un caso clásico de este tipo de evidencia.

La evidencia profética es ofrecida muchas veces para sostener al cristianismo. Se argumenta que sólo el origen divino cuenta para las numerosas y precisas predicciones bíblicas que han sido cumplidas. Para los evidencialistas es la suma total de las evidencias entrelazadas que ofrecen una alta probabilidad de verdad para el cristianismo.

2.    Algunos promotores de la apologética evidencial.

Mientras que la apologética evidencial disfruta de un amplio apoyo popular, ofrece sólo unos cuantos verdaderos promotores que no encajan en ninguna de las otras categorías. Parece ser que lo mejor, entonces, es caracterizar al evidencialismo por las distintas clases de evidencia enfatizadas en este tipo de apologética.

Un enfoque evidencialista notable es ofrecido por William Paley es su Evidences for Christianity, sin embargo, dado que Paley ofrece pruebas de la existencia de Dios al principio de su libro, puede ser enlistado como un apologista clásico. El ampliamente usado libro de Bernard Ram Protestant Christian Evidences es otro ejemplo de apologética evidencial, a pesar de que parece moverse de ésta en sus últimos escritos. De todos los libros evidencialistas, el más ampliamente distribuido es Evidencia que Exige un Veredicto de Josh McDowell.



3.    Algunas comparaciones con otros tipos de Apologética.

Mientras que el uso de evidencia no es único para apologética evidencial, la manera en el cual es usada es única. Tanto los apologistas clásicos como algunos de los evidencialistas usan argumentos teísticos. Sin embargo, para los evidencialistas, establecer la existencia de Dios no es una prioridad lógica y un paso necesario. Es simplemente algo más en la red de evidencia que apoya al cristianismo.

A diferencia de la apologética histórica, el evidencialista puro no apela a la evidencia histórica como la única base para su caso. Para los evidencialistas existen diversos eventos, tales como, las sanidades que Jesús hizo, resucitación de muertos y cumplimiento de la profecía, las cuales, en ellos mismos, se apartan de la principal presuposición o prueba de que Dios existe, estableciendo la verdad del cristianismo. Dado que las pruebas “hablan por sí mismas” no hay necesidad, de acuerdo con los evidencialistas, de proveer una razón independiente para creer en la existencia de Dios. Por el contrario, tanto la apologética clásica, como la presuposicionalista insisten que los eventos históricos pueden ser interpretados a la luz del marco del punto de vista del cual son parte.

C. Apologética Experiencial.

Algunos cristianos apelan principalmente, si no exhaustivamente, a la experiencia como evidencia de la fe cristiana.

Algunos apelan a las experiencias religiosas en general. Otros a experiencias religiosas especiales. Dentro de esta segunda categoría están algunos que se enfocan en las experiencias místicas y otros que identifican lo que ellos creen son una experiencia de conversión particularmente milagrosa.

1.    Tipos de experiencia.

El valor de una experiencia religiosa general y no específica es de valor limitado para una apologética cristiana distintiva. En el mejor de los casos, la experiencia general establece credibilidad para creer en un ser supremo de alguna clase (no necesariamente un Dios teísta). Aun así, las pruebas de experiencia religiosa han sido ofrecidas por los cristianos y otros que no lo son. Las experiencias religiosas generales están disponibles para todos.

Algunas experiencias religiosas son más limitadas. El místico, por ejemplo, dice que ha tenido una experiencia especial de Dios. Las experiencias místicas difieren de las experiencias religiosas generales en que dicen ser contactos directos e inmediatos con Dios.

Los cristianos místicos dicen que tales experiencias son verdaderas por auto evidencia. Sin embargo, los llamados encuentros con Dios de la experiencia general no son los mismos que los de las experiencias místicas, los promotores de ésta dicen que éstas se dan autenticidad por sí mismas. Uno es alcanzado por Dios en un encuentro no racional y directo que es más básico y real que una evidencia de los sentidos.

Sin embargo, no todos llamarían a tales experiencias una evidencia apologética, aun así, sirven para vindicar al cristianismo entre aquellos que las tienen. Aquellos que apelan a tales experiencias rechazan los métodos apologéticos en el sentido tradicional. Ellos rechazan los argumentos racionales o la evidencia de los hechos en favor de lo que ellos creen ser una experiencia auto verificada.

2.    Algunos promotores de la apologética experiencial.

Entre los cristianos místicos sobresale el nombre de Meister Eckart. Los existencialistas incluyen a Soren Kierkegaard, Rodolfo Bultmann y Kart Barth. Otros de una experiencia general más natural incluyen a Friedrich Schleiermacher y Paul Tillich.

3.    Algunas comparaciones con otros tipos de apologética.

Los argumentos experienciales para probar la existencia de Dios son usados algunas veces por apologistas clásicos y evidencialistas. La diferencia es que, para el apologista experiencial, la única clase de evidencia es no racional, mística y existencial. En otros métodos apologéticos, el argumento de la experiencia religiosa es sólo una clase de evidencia entre muchas.

Los apologistas presuposicionales, especialmente de la variedad revelacional, rechaza los argumentos puramente experienciales como inverificable y de interpretación subjetiva.

D. Apologética Histórica.

La apologética histórica enfatiza la evidencia histórica como la base para demostrar la verdad del cristianismo.

Estos apologistas creen que la verdad del cristianismo, incluyendo la existencia de Dios, puede probarse por la evidencia histórica únicamente. En un sentido la apologética histórica pertenece a una clase más amplia de apologética evidencial, pero difiere de ésta en que enfatiza la importancia, si no la necesidad, de comenzar con el récord histórico de la verdad del cristianismo.

1.    Algunos promotores de la apologética histórica.

El cristianismo es una religión histórica, así que se entiende que tendría un énfasis histórico desde el mismo inicio de éste. Los primeros apologistas, incluidos Tertuliano, Justino Mártir, Clemente de Alejandría y Orígenes defendieron la historicidad del cristianismo.

Dado que estos primeros apologistas muchas veces no fueron sistemáticos en sus escritos, es difícil decir si cayeron en la categoría de apologética histórica. Algunos ofrecieron argumentos teístas, pero probablemente no vieron todo esto como un primer paso lógicamente necesario. Apologistas históricos contemporáneos incluyen a John Warwick Montgomery y Gary Habermas.

2.    Algunas comparaciones con otros tipos de apologética.

La apologética histórica es distinta del evidencialismo en su enfoque estrecho, usando sólo una clase de evidencia en lugar de muchas. También ofrece un argumento secuencial. El apologista histórico comienza solamente con una evidencia histórica como premisa básica. Con la historicidad establecida, el apologista argumenta que ciertas afirmaciones que están dadas en las Escrituras infieren que Dios existe, que la Biblia es la Palabra de Dios y que Cristo es el único Hijo de Dios. El evidencialismo puro no tiene tal orden lógico que inicie con la evidencia histórica únicamente.

3.    Algunas comparaciones con otros tipos de apologética.

Más aún, el evidencialista emplea un nido completo de evidencias de las cuales concluye que el cristianismo es verdad. Tanto la apologética histórica como la clásica usan la evidencia histórica. Pero el apologista clásico cree que la evidencia histórica es sólo un segundo paso, precedido lógicamente por los argumentos teístas que establecen la evidencia del punto de vista necesario del mundo por el cual uno solo puede interpretar apropiadamente la evidencia histórica.

E.  Apologética Presuposicional.

La apologética presuposicional afirma que uno debe defender al cristianismo desde el fundamento de ciertas presuposiciones básicas como la existencia de DIOS. Génesis 1:1.
1.    Características.

Usualmente, un presuposicionalista presupone la verdad básica del cristianismo y luego procede a mostrar, en alguno de varios caminos, que solamente el cristianismo es verdad.

2.    Algunos promotores de la apologética presuposicional.

De acuerdo con el presuposicionalismo revelacional, uno debe proponer que el Dios Trino se ha revelado a sí mismo en las Sagradas Escrituras desde antes de que sea posible imaginarse este universo, vida, idioma o historia.

Esto se ve algunas veces como un argumento trascendental. Los presuposicionalistas revelacionales incluyen a Cornelius Van Til, Grez Bahnsen y John Frame. El presuposicionalista racional inicia también con la Trinidad revelada en la Palabra de Dios escrita. Pero la prueba de si algo es cierto o no lo da la ley de no contradicción. El cristianismo demuestra su propia verdad en que, de todas las religiones, éste únicamente es internamente consistente. Gordon Clark y Carl F. H. Henry son presuposicionalistas racionales.

El método apologético de Francis Schaeffer ha sido enlistado ocasionalmente como una forma distinta de presuposicionalismo, una clase de presuposicionalismo práctico. Schaeffer cree que los sistemas falsos son intolerables, que sólo la verdad cristiana es tolerable.

3.    Algunas comparaciones con otros tipos de apologética.

Algunas comparaciones con otros tipos de Apologética Los apologistas presuposicionales rechazan la validad de las pruebas teístas. Aceptan las críticas de la argumentación teísta de David Hume y Kant. O ellos creen que los “hechos” aparte del punto de vista cristiano no tienen ningún significado.
F.  Conclusión.

Como podemos darnos cuenta, en general hay dos métodos principales de la apologética cristiana, la evidencial que implica el compartir pruebas y evidencias que muestran que el mensaje cristiano es verdad. El segundo, comúnmente conocido como la apologética presuposicional, implica el confrontar las presuposiciones (ideas preconcebidas, suposiciones) detrás de las posiciones anticristianas. Los defensores de los dos métodos de la apologética cristiana a menudo debaten entre sí sobre qué método es el más efectivo. Parece ser más productivo usar ambos métodos, dependiendo de la persona y la situación.



 

lunes, 19 de agosto de 2019

El Evangelio De Juan 138: Día De Gozo No de Llanto. Juan 20:11-18.



Las palabras dichas por Jesús durante su ministerio terrenal de que le era necesario sufrir, ser muerto y resucitar al tercer día, se cumplieron al pie de la letra, el primer día de la semana, es decir el domingo, al rayar el alba, se dio el mayor acontecimiento de todos los tiempos, la gloriosa resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Hay ya dos testigos inalterables, la piedra removida, tirada a todo lo lago en el suelo y los lienzos enrollados dentro de la tumba, el primer testigo, la piedra es la muestra de que Jesús venció por completo y fue tirada al suelo ara que todos pudieran ver que el sepulcro estaba vacío, el segundo testigo, los lienzos son la muestra de que aunque el cuerpo del Señor no fue robado por sus enemigos ni mucho menos por sus discípulos, en ambos casos, los lienzos no estarían en la tumba.

Las mujeres fueron al sepulcro, pero no se esperaban las maravillosas noticias, así que pensaron lo peor, angustiadas, unas de ellas corrieron a avisar a Juan y a Pedro, los cuales al percatarse de que en verdad se cumplió lo que Jesús anunció, regresan gozosos con los suyos, pero en este instante su gozo es por la familiaridad y compañerismo que tenían con el Señor Jesús, por el gran amor que le tenían es que se alegraron en gran manera.

Sin embargo, como lo entendimos la semana pasada, nos gozamos en la resurrección de Cristo, si por amor igualmente que los apóstoles, pero al entender la trascendencia y el propósito de su resurrección, nos alegramos aún más, como si esto fuera posible.

¿Por qué era necesaria no solo la muerte, sino también la resurrección de Cristo de entre los muertos? Porque la vida debía de llegar hasta donde llegó la muerte: cuerpo, alma y espíritu del ser humano, por lo tanto, la obra redentora de Cristo si de verdad iba a ser efectiva no podía terminar en muerte, sino en vida: SU GLORIOSA RESURRECCIÓN.

Pero las narraciones aun no han terminado, aun faltan muchos eventos, presentaciones personales del Señor Jesús, antes de su ascensión en Gloria a la diestra del Padre, a las mujeres, a los dos en el camino a Emaús, a los discípulos sin Tomás y con Tomás, cuando regresan de la pesca, etc. Los iremos estudiando poco a poco, para descubrir lo que DIOS tiene preparado para nosotros por medio de estos hermosos relatos verídicos.

Empezáremos con el relato de Juan, acerca del encuentro de Jesús con María Magdalena, a las afueras del sepulcro.

11. Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; 12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.

El relato ahora nos lleva con María Magdalena. Resulta razonable suponer que fue un poco más lenta en llegar al sepulcro que Pedro y Juan. Ellos ya regresaron a sus casas, pero Magdalena no, ella está a las afueras del sepulcro, llorando.


Su profundo pesar se manifestaba en un sollozo constante, irrefrenable, lo sabemos por el verbo klaio (κλαύω, G2799) que es el utilizado por Juan para describir su llanto. Al mismo tiempo que daba rienda suelta a su amargo pesar, se inclinó para echar un vistazo al sepulcro. Vio a dos ángeles sentados, uno a la cabecera y el otro a los pies de donde había yacido el cuerpo de Jesús. Debe considerarse como probable que estos dos ángeles se presentaran en forma de jóvenes por lo relatado en Marcos 16:5. Sus blancos vestidos indican santidad, quizá también como muchos comentaristas dicen, gozo y victoria.

Simbolizaban el triunfo de la vida sobre la muerte, de la luz sobre la oscuridad, de la gracia sobre el pecado. Pero ¿por qué aparecerían estos ángeles a las mujeres y no a Pedro y a Juan? ¿Fue porque la fe de las mujeres era mucho más débil que la de los hombres por lo que necesitaba el apoyo especial del ministerio de los ángeles? Se ha sugerido esta respuesta, pero nada hay en el relato que la demuestre.

Es más probable de hecho, ir en dirección contraria y decir que el aspecto de estos ángeles y el mensaje que trajeron, primero a las otras mujeres, Mateo 28:5–7; luego a María, Juan 20:13, fue una recompensa especial por el ministerio muy especial de amor en que se habían destacado ellas, incluyendo María Magdalena.

Los ángeles de inmediato lanzaron una pregunta crucial a Magdalena. 13. Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.

Es una pregunta crucial porque en ella los ángeles hacen va implícito un mensaje: Este es tiempo de gozo, no de lágrimas.

No lo veamos tanto como un reproche, sino más bien como un recordatorio, un recordatorio de que ha terminado el tiempo de aflicción y tortura física, mental y espiritual del Señor Jesús, de que el estado de humillación terminó, y la condición de exaltación está comenzando, de que ni la muerte, ni el diablo ni el pecado pudieron vencer al Señor Jesucristo, que no hay más motivo para estar tristes, no es día de llanto, es día de gozo.

Ella aun no lo sabe, pero la resurrección del Señor no es como ninguna que se haya tenido registro, Elías oró por el hijo de la viuda, pero ese muchacho tarde o temprano volvió a morir, la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Naín y Lázaro también habían resucitado recientemente cuando el Señor Jesús oro por ellos, pero llegaría el día en que tendrán que volver a morir.

Lo que hace única y especial la resurrección del Señor Jesús, es que el se levanto de entre los muertos para no volver a morir nunca más, es un acto permanente, es un hecho irreversible, es un acontecimiento permanente y eterno, todas las demás han sido resurrecciones temporales, aun las que la medicina ha logrado, al traer de la muerte a personas por medio de RCP, fibrilación o medicamentos, son temporales, tarde o temprano volverán a morir para siempre en este cuerpo carnal.

Sin embargo, así como la muerte de Cristo fue única en el sentido de que por medio de ella pagó por nuestros pecados, de igual manera su resurrección es única, no solo por lo inesperada y sorprendente, sino porque también es el modelo, el principio, la primicia de los demás que habremos de resucitar en el día postrero: 1ª Corintios 15:20-23. Apocalipsis 1:5.

En la mente confusa de María no hay cabida todavía para estas maravillosas noticas, en ella solo queda lugar para un pensamiento, que lo expresa al responder, Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.

También se podría traducir así, Mi Señor ha sido llevado, etc. No podemos dejar de notar que María Magdalena todavía habla de Jesús como de su Señor. Lo que más hubiera hecho feliz a está mujer era encontrar el cuerpo de Jesús para ungirlo, no se esperaba lo que sucedería en el siguiente instante. Los planes del Señor siempre son mejores de lo que pensamos.

14. Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.

María había estado mirando dentro del sepulcro. Ahora, repentinamente, se vuelve para mirar en dirección contraria. ¿Por qué? Hay varias teorías:

a)    Porque Jesús había aparecido de repente, y los ángeles que lo vieron desde donde estaban en el sepulcro se inclinaron para adorarlo, lo cual hizo que María se diera la vuelta para ver por qué los ángeles habían hecho eso.
b)    Porque los ángeles, al ver a Jesús, señalaron hacia él, sugiriéndole a María que mirara fuera del sepulcro.
c)    Porque los ángeles desaparecieron de repente de la vista.
d)    Porque María oyó que alguien se acercaba.

Lo más sencillo de creer sin hacer violencia al texto es esto último, ella sintió que alguien se acercaba detrás suyo y simplemente volteo. Lo importante es que María se encuentra ahora frente a alguien a quien todavía no reconoce como dice el versículo siguiente:

15. Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.

María vuelve a oír la misma pregunta que le habían hecho un momento antes: Mujer, ¿por qué lloras? No podemos esperar menos, exactamente las mismas palabras, hay armonía, hay correspondencia, en el reino perfecto, hay armonía perfecta.

Y la pregunta fue muy oportuna y adecuada, ya lo entendimos, no era momento de llorar, al contrario, hay que salir a celebrar con gozo el triunfo del Señor por medio de la resurrección. El Extraño, en ese momento para maría Magdalena, agrega, ¿A quién buscas? No pregunta ¿¿Qué buscas? Aunque en la respuesta a los ángeles María había hablado de su Señor, no lo había buscado a él sino a su cadáver. Había buscado algo, no a alguien.

Cuando El que ahora se dirige a María pregunta, ¿A quién buscas?, comienza a encauzar los pensamientos de ella en otra dirección mejor. Debe comenzar a buscar a una persona no a una cosa. Los planes del Señor siempre son mejor de lo que esperamos.

La respuesta de María es directa: Ella pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime a dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.

¿Por qué pensó María que esa persona que le habló era el que cuidaba del huerto de José de Arimatea? Hay al menos tres motivos:

1.    Porque, debido a su incredulidad, no buscaba al Salvador resucitado.

2.    Quizá, porque Jesús tenía un aspecto diferente de antes como dice Marcos 16:12. Sin embargo, el hecho de que lo tomara por el hortelano prueba que tenía la forma humana común.

3.    Porque en el huerto esperaba ver al hortelano o guardián.

A este supuesto hortelano María le dice: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.

María ahora le pide un favor a esta persona, por ello es que respetuosamente le llama señor, ella le dice que si él, por la razón que sea, ha trasladado el cadáver, le diga donde lo ha puesto, a fin de que ella lo pueda hacer trasladar a algún lugar conveniente donde se pueda ocupar de ungirlo con perfumes.

María, no esperando una respuesta satisfactoria, se volteó, de modo que se encontró otra vez mirando hacia el sepulcro vacío. Tratándose, después de todo, de una mujer desesperada, no resultaría extraño esto, lo sabemos por el siguiente versículo:

16. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).

Con mucho amor y ternura, el Señor se refiere en su nombre arameo a Magdalena, Miriam le llama, utilizando una sola palabra, en un tono de cordialidad y ternura como en los días pasados, es el nombre que Jesús siempre había utilizado al hablarle, es el que se emplea en este caso. Jesús se dirige a ella en su nombre propio, en su lengua materna.

Ella se volvió y le dijo en arameo: ¡Raboni! (que significa, Maestro). Cuando María oye su propio nombre en su lengua materna, dicha en esa forma conocida como una sola Persona jamás la había pronunciado, se aparta rápidamente del sepulcro para dirigirse hacia el que la habla y con una palabra de dramática sorpresa, alegre reconocimiento, y humilde reverencia exclama, Raboni. rabbounei o rabboni (ῥαββουνεί, G4462).

Es una variante de la palabra aramea Rabí que significa maestro, Raboni originalmente significaba mi maestro, Juan únicamente lo traduce como maestro pensando en sus lectores de Asia Menor que no hablaban arameo, y su uso es mucho menos común que Rabí. El título Raboni se dio a unos pocos Rabís, por ejemplo, a Gamaliel I y Gamaliel II. A menudo se utilizaba para referirse a Dios mismo como maestro por excelencia. Es título aún más respetuoso que rabí, pues significaba también: mi gran señor.

¿Cómo supo ella en ese momento que se trataba de Jesús? ¿Qué la hizo recapacitar su postura? Lo dicho por Jesús mismo en Juan 10.4 lo explica: mis ovejas oyen mi voz y me siguen. Cuando pensó que era el hortelano, María tenía la vista retirada de Él, como lo denota el texto; pero, en cuanto Jesús la llamó por su nombre, volvió los ojos hacia Jesús.

La devoción de Magdalena sigue latente, su respeto por la persona de Jesús nunca decayó, y en estos momentos glorioso, no solo no decayó, va en aumento. Ella debió querer tomarlo por los pies en muestra de reverencia y honor, pero también como un gesto de que no quiere que se vaya nunca más, lo sabemos por lo narrado en el siguiente versículo.

17. Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; más vé a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.

¿Qué quiere decir este pasaje de la Escritura? Algunas otras versiones más dinámicas de este texto lo traducen mejor al decir suéltame, no me retengas, o suéltame no te adhieras a mí, no te aferres a mí.  Como dando a entender que no por el hecho de que ella lo sujete con fuerza de los pies Mateo 28:9, lo conservará para siempre a su lado.

Cuando le dice porque aun no he subido a mi Padre, le está dando a entender que todavía quedan cuarenta días hasta la ascensión a los cielos y, por tanto, tendrá tiempo de verlo y tener comunión con él.

Jesús no se opuso a que lo tocaran. De lo contrario, ¿cómo se podría explicar cuando le dijo a Tomas toca mis llagas y mi costado? Lo que censuró fue la idea equivocada de María de que la forma anterior de comunión iba a reanudarse, en otras palabras, que Jesús fuera a volver a vivir en comunión diaria y visible con sus discípulos, tanto hombres como mujeres. Sin duda que la comunión se reanudará; pero no de la forma en que ella espera, será mucho más abundante y bendita. En la comunión del Espíritu Santo con su iglesia.

Pero vé a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.

Tanto María Magdalena como las otras mujeres reciben un mensaje que deben transmitir a los once. Pero en tanto que las otras mujeres deben decirles a los hombres lo que ha sucedido ha resucitado de entre los muertos y donde se encontrará Jesús con ellos Va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, María debe anunciarles el gran acontecimiento en la historia de la redención que va a ocurrir: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.

Jesús llama ahora a sus discípulos con un nombre nuevo: hermanos. Una relación nueva, la comunión en el Espíritu, a punto de ser derramado, exige un nombre nuevo, un nombre todavía más íntimo que el hermoso nombre de amigos, ahora nos llama hermanos.

Los hermanos son de una misma familia. Tienen mucho en común. Comparten la misma herencia. Así pues, todo verdadero creyente es coheredero con Cristo Romanos 8:17. Así pues, también, en el sentido espiritual, Dios no es el Padre de todos los hombres sino sólo de quienes, habiendo sido escogidos desde la eternidad, han aceptado al Hijo con fe viva. Estos, todos éstos y sólo éstos, somos hermanos de Cristo.

Cuando pensamos en el hecho de que apenas unos días antes todos estos hombres lo abandonaron y huyeron, nos sorprende aún más que Jesús, con tierna misericordia, quiera llamarlos sus hermanos.

Lo que María debe transmitirles como un mensaje de Cristo para ellos es esto, Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”.

Jesús distingue, y al mismo tiempo subraya la intimidad de la comunión entre él mismo, su Padre, y los discípulos. La distinción resulta muy clara por el hecho de que no dice, Subo a nuestro Padre o a nuestro DIOS.

Él es claro en distinguir su filiación de la de ellos; por ello dice, a mi Padre y a su Padre a mi Dios y a su Dios. Sin embargo, también se subraya la intimidad de la comunión; el mismo Dios que es Padre de Jesús es también Padre de los discípulos. Una paradoja más en el cristianismo, distingue al creador de su creación y al mismo tiempo nos dice que somo hijos suyos por su maravillosa obra.

María magdalena obedeció de inmediato. 18. Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.

No se ha registrado dónde fue el Señor después de aparecerse a María. Además, incluso resulta dudoso que, de haberse registrado, habríamos podido comprenderlo, porque debe tenerse presente que el período de su comunión diaria visible con los discípulos ya ha concluido. Simplemente aparece, ahora a éste, luego a aquél; y no debemos preguntar, ¿Dónde estaba entre las apariciones? Sabemos muy poco acerca de la naturaleza del cuerpo resucitado y acerca de sus idas y venidas. Además, si la biblia caya por no tratarse de un hecho relevante, nosotros hacemos lo mismo.

El caso de María es diferente. La Escritura nos dice que hizo lo que se le ordenó que hiciera. María debe haber sido una persona muy emotiva. En cierto sentido, nos recuerda a Pedro. En cierto momento la vemos llorar mucho. Se deshace en lágrimas, tanto, que incluso apenas advierte la presencia de los ángeles. Un momento después, el momento de reconocimiento gozoso, cuando el Señor resucitado pronuncia su nombre, todo cambia. “Raboni”, exclama; y, llegada a donde están los discípulos, apenas si puede contenerse en decirles, He visto al Señor.

Ahora ya no pensaba en un cadáver. No más, se trataba del Señor vivo, gloriosamente resucitado del sepulcro. María Magdalena comunicó el mensaje, palabra por palabra, exactamente como el Señor le había dicho que hiciera. Y estas palabras deben haber sido muy preciosas para los discípulos.

María Magdalena:

·         Sanada de 7 espíritus inmundos por Jesús.
·         Se hizo discípula suya por agradecimiento y amor.
·         Siempre lo consideró su Señor a pesar de toda circunstancia.
·         Lloró porque pensaba que había desaparecido su cuerpo del sepulcro.
·         Al verlo resucitado lo toma de los pies porque no quiere alejarse de él unca más.
·         Al recibir una instrucción obedece de inmediato.

Un Dios Santo 11: Contender con Dios Parte 1. Habacuc 1:2-4.

La máxima expresión de la ira y la justicia de Dios se pueden ver en la cruz del calvario, es ahí donde la justicia santa de Dios se hace ...