miércoles, 5 de junio de 2024

Un Dios Santo 08: Justicia Santa Primera Parte. Génesis 18:25.

Lamentablemente la mayoría de los creyentes no toma con seriedad la santidad del Señor, y es por ello que no entienden a profundidad el evangelio, sin embargo un joven Martín Lutero, si lo hacía, él si entendía que Dios no puede bajar sus estándares de justicia o comprometería su perfecta Santidad, es por ello que la justificación es el acto legal más misericordioso que existe, le damos nuestro pecado a Cristo y Él no da su justicia, así podemos estar delante del Dios infinitamente Santo sin que él comprometa en nada esa Justicia Santa, y este será nuestro tema especifico en esta y en la próxima clase: la Justicia Santa del Señor.

 

Muchas veces, al leer el AT hay conflicto con la aparente brutalidad de los juicios de Dios que allí se encuentran. Muchos tropiezan a causa de los violentos pasajes. Algunos ven estos como una razón suficiente para rechazar el cristianismo. Otros tratan de suavizar el impacto, tratando el AT como una parábola religiosa, o aplicando un método de cortar y pegar, clasifican los pasajes más brutales como un mito primitivo. Algunos van más lejos, arguyendo que el Dios del AT es diferente al del NT, como Marción al inicio de la era cristiana. Dicen que el Dios del AT es un Dios tenebroso con un mal temperamento, una especie de deidad demoníaca cuya ardiente ira está más allá de la dignidad del Dios de amor del NT.

 

Vamos a examinar unos de los pasajes más difíciles y ofensivos del AT para encontrarles sentido. Comenzaremos con el inmediato y súbito juicio que vino sobre Nadab y Abiú, los hijos de Aarón. Ellos eran sacerdotes, hijos de Aarón, el Sumo Sacerdote. Junto a Moisés, Aarón había guiado al pueblo de Israel por el desierto. Levítico 10:1-2.

 

En ese entonces, más que cualquier otro, Moisés y Aarón tenían una relación íntima con Dios. Así, uno esperaría un poco de tolerancia de parte de Dios para con los hijos de Aarón. Pero no la hubo. Por una transgresión en el altar, Dios reaccionó inmediata y fuertemente, aniquilándolos en el acto. No estaban profanando el altar con prostitutas u ofreciendo sacrificios humanos como lo hacían los adoradores de Moloc. Nada más Nadab y Abiú ofrecieron un fuego extraño del cual no sabemos con seguridad qué era. Suena como si todo era un asunto de sacerdotes jóvenes experimentando creativamente con la adoración. Una ofensa censurable, quizás. Pero, ¿la pena de muerte, sin el beneficio de un tribunal?

 

Hay teorías que tratan de explicar razonablemente lo ocurrido, dicen que tal vez Nadab y Abiú encontraron algo de petróleo, y sin saber qué era decidieron experimentar, mezclándolo con substancias combustibles en el altar. Cuando lo pusieron en el fuego, se encendió y explotó, matando instantáneamente a ambos sacerdotes. En una sociedad primitiva, esto sería visto como un repentino acto de juicio divino. Así entonces la muerte de Nadab y Abiú fue accidental, un trágico caso en que dos muchachos perecen a causa de su imprudencia jugando con un fuego desconocido.

 

Contrariamente la Biblia dice que fue un juicio sobrenatural de Dios. Pudo haber sido producido por medios naturales, pero es claro que no fue un accidente. Tiene que ser atribuido a la ira y el juicio de Dios. ¿Cómo vio Aarón este evento? Supongo que estaba airado y dolido. Fue una calamidad para él y el resto de su familia. Él había dedicado su vida entera al servicio de Dios. Sus hijos habrían de seguir sus pasos. ¿Qué gratitud recibió él del Dios al cual servía? Nada. Simplemente ejecutó rápidamente a sus hijos por lo que parecía ser una infracción menor.

 

Moisés le dio a Aarón la respuesta del Señor, le recordó la consagración original de los sacerdotes. Levítico10:3. Ellos habían sido separados para una tarea sagrada. Tendrían el privilegio de ministrar delante de un Dios Santo. Cada vasija en el tabernáculo estaba hecha a la medida, y todo estaba santificado por el mandato de Dios. No había duda alguna en los mandamientos. Con respecto al altar del incienso, Aarón y sus hijos fueron instruidos específicamente en la manera de proceder. Éxodo 30:9-10. Las instrucciones eran claras. El altar del incienso fue declarado muy santo por Dios. Cuando Nadab y Abiú ofrecieron fuego ilícito y no autorizado sobre él, estaban desafiando abiertamente a Dios. Su acto era una rebelión deliberada, una profanación inexcusable del lugar santo.

 

El pecado de Nadab y Abiú fue un pecado de arrogancia y de traición contra Dios.

 

Estaban profanando el lugar santo. El juicio de Dios fue inmediato. Su explicación a Moisés fue clara: Levítico 10:3 Y Aarón calló. ¿Qué más podía hacer Aarón? El debate había culminado. La evidencia estaba allí y Dios había emitido su veredicto. A ellos se les había prohibido explícitamente ofrecer ese fuego. Ellos desobedecieron y Dios hizo caer el mazo de su justicia sobre ellos. Así que Aarón calló. Él lo aceptó y no tuvo ninguna excusa que ofrecer, ni protesta que hacer. Como los pecadores en el juicio final, su boca fue enmudecida.

 

Este es un ejemplo de la justicia penal de Dios, la justicia por la cual Él castiga al culpable. Pero, ¿Es este castigo cruel e inusual? ¿No traspasa los límites de la justicia para hacerse injusticia? Nuestro concepto de justicia conlleva la idea de que el castigo debe ajustarse al crimen. Si el castigo es más severo que el crimen, se comete injusticia. La Biblia aclara que Nadab y Abiú no podían argumentar inocencia por su pecado. Dios había sido claro con ellos. Ellos sabían que no se les permitiría fuego extraño en el altar. Es fácil ver que ellos pecaron. Pero ellos jamás se imaginaron que su pecado era tan serio, que haría que Dios los ejecutara en el acto.

 

Este es un ejemplo que nos habla fuertemente de la severidad de la mano de Dios, de un castigo que es demasiado fuerte e inusual para el crimen. Tal medida de castigo no sólo nos confunde sino que nos asombra. ¿Cómo cuadramos este relato con lo que Génesis nos enseña sobre el carácter de la justicia de Dios? Génesis 18:25. Los juicios de Dios son siempre justos. Su justicia nunca es desproporcionada, caprichosa, ni tiránica.

 

Es imposible para Dios ser injusto, porque su Justicia es Justicia Santa.

 

Si tenemos dificultad con la historia de Nadab y Abiú, la historia de Uza es aún más difícil. Cuando David ascendió al trono de Israel, trabajó rápidamente para consolidar su reino. Reunió a sus oficiales y decidió traer la sagrada arca del pacto, que se encontraba en exiliada. Los filisteos habían capturado el arca en un día fatídico en que la gloria se alejó de Israel. Cuando el arca fue capturada, el más grande tesoro de Israel fue robado y llevado al templo pagano de Dagón. Al regresar, el arca fue colocada en un lugar seguro, esperando el momento para su restauración pública a una posición de preeminencia en la nación. Finalmente vino la hora, y David deseaba ver la gloria de nuevo. 1ª Crónicas 13:3-4.

 

El arca fue el punto de reunión nacional. Era el trono de Dios, el asiento sagrado del Altísimo. Fue construida y adornada según el estricto diseño de Dios mismo. Tendría que ser guardada en el Lugar Santísimo. Era un cofre hecho de madera de acacia, cubierto de oro por dentro y por fuera. Tenía una moldura de oro alrededor, cuatro anillos de oro a los lados para atravesar las varas de madera de acacia, cubiertas con oro, para cargarla. La tapa del cofre era llamada el propiciatorio. También era de oro y tenía dos querubines hechos del mismo metal labrado, colocados frente a frente con sus alas extendidas. Este fue el objeto sagrado que David ordenó traer de regreso a Jerusalén: 1ª Crónicas13:7-11.

 

Más que con el caso de Nadab y Abiú, la ejecución de Uza produce protestas de lectores enseñados que Dios es un Dios de amor y bondad. La Biblia dice que Dios es lento para la ira y grande en misericordia. Pero obviamente no se tomó mucho tiempo para que su ira se encendiera contra Uza. Uza tocó el arca Y ¡Pum! Dios explotó en furia.

 

También se han hecho esfuerzos para suavizar la severidad de este relato, exponiendo la muerte de Uza como algo más natural. Se ha sugerido que Uza respetaba tanto el arca, que al tocarla fue abrumado con miedo y tuvo un ataque al corazón que lo mató al instante. Esta explicación absuelve a Dios de toda responsabilidad. Dice que la interpretación del cronista es meramente un ejemplo de superstición primitiva de la cual está salpicado el AT. La gente busca estas explicaciones no sólo porque nuestra cultura tiene una alergia incurable a todas las cosas milagrosas, sino porque también esta historia ofende nuestro sentido de justicia.

 

El arca era transportada por una carreta de bueyes. Era un día de gozo y celebración nacional. La gloria estaba regresando a la Ciudad Santa. Las multitudes llenaban las calles, el desfile era realzado por el sonido de arpas, liras, tamborines, címbalos y trompetas. Imagine el espectáculo: era como un desfile de independencia. La gente danzaba en las calles. De repente los bueyes tropezaron, y el carro se balanceó. El cofre se resbaló y estaba a punto de caerse al suelo y enlodarse. Era impensable que este precioso objeto fuese deshonrado cayendo en la suciedad.

 

Seguramente la reacción de Uza fue instintiva. El hizo lo que cualquier judío piadoso habría hecho para evitar que el arca cayera en el lodo. Extendió su mano hacia la tambaleante arca para proteger este santo utensilio. No fue un acto premeditado de desafío a Dios. Fue un reflejo. Desde nuestra perspectiva parece como un acto de heroísmo. Pensaríamos que Uza escucharía la voz de Dios desde el cielo gritando, Gracias Uza. Pero Dios no lo hizo, y en lugar de ello, lo mató. Lo aniquilo allí mismo. Otra ejecución rápida.

 

¿Cuál fue el pecado de Uza? Debemos recordar cómo Dios instituyó el sacerdocio y el mandamiento que les dio. Para ser sacerdote en Israel, uno tenía que ser de la tribu de Leví. Todos los sacerdotes eran Levitas, pero no todos los Levitas eran sacerdotes. Una rama especial de la familia de los Levitas era el clan de los Coatitas. Ellos eran descendientes de Coat, y estaban consagrados por Dios para una tarea muy especializada. Eran entrenados para ejecutar un trabajo básico como cuidar de los artículos sagrados del tabernáculo: Números 4:4.

 

Es importante recordar que el tabernáculo era una carpa portátil. Cuando las tribus de Israel se movían, llevaban el tabernáculo para que Dios estuviera con ellos. Cuando el tabernáculo era transportado, era necesario primero, cubrir y proteger los utensilios santos. Números 4:15.

Para reforzar este mandamiento, Dios agrega más estipulaciones: Números 4:17-20. Uza era probablemente un Coatita. Él sabía exactamente cuáles eran sus tareas. Había sido entrenado en la disciplina de su llamado. Entendía que tocar el arca era una ofensa capital. A ningún Coatita, bajo ninguna circunstancia, se le permitía tocar el arca. Ninguna emergencia era motivo para quebrantar ese mandamiento inviolable. 


 

 

La elaborada construcción del arca, completa con sus argollas de oro a través de las cuales las varas eran insertadas, era tal que hacía claro que no se le podía tocar. Los hombres comisionados a transportar el arca sólo podían tocar las argollas y las varas, y era su tarea cargar el arca por las varas. Además, nada se había dicho acerca de acelerar el proceso, transportando el arca en una carreta de bueyes. Dios era tan preciso acerca de las cosas santas del tabernáculo, que los Coatitas no podían ni siquiera ver el arca. Esto era también un crimen capital. Dios decretó que si un Coatita tan sólo miraba por un instante el arca en el lugar santísimo, moriría. De modo que Uza no sólo tenía prohibido tocar el arca, sino aún mirada.

 

Pero él la toca de todas maneras. Alargó su mano y la colocó sobre el arca para evitar que cayera al suelo. ¿Fue esto un acto de heroísmo santo? ¡No! Fue un acto de arrogancia, un pecado de pretensión. Uza asumió que su mano estaba menos contaminada que la tierra. Pero no era la tierra o el lodo lo que profanaría el arca. Era el toque del hombre.

 

La tierra es obediente, hace lo que Dios le dice que haga. Produce su cosecha a su tiempo, obedece las leyes de la naturaleza que Dios le estableció. La tierra no cometió traición cósmica. No hay nada contaminado acerca de la tierra. Dios no quería que su Santo trono fuese tocado por nada contaminado con el pecado, con lo que se le hubiera rebelado, aquello que hubiese hecho que la creación completa se arruinase y que la tierra, el cielo y las aguas gimieran juntas con dolores de parto, esperando el día de la redención.

 

Era el toque del hombre lo que Dios había prohibido.

 

Uza no fue un hombre inocente. A él no se le castigó sin advertencia. Él no fue castigado sin haber violado una ley. Este acto de justicia divina no fue caprichoso. No hubo nada arbitrario o errático acerca de lo que Dios hizo, aunque fue inusual, y por esa razón la ejecución repentina y radical nos sorprende, nos escandaliza y nos ofende.

 

Hay una razón por la cual nos ofendemos y nos indignamos por historias como las de Uza y la de Nadab y Abiú. Encontramos estas cosas difíciles de digerir, porque no entendemos cuatro conceptos bíblicos de vital importancia: santidad, justicia, pecado y gracia.

 

No entendemos lo que significa ser santo, no entendemos qué es la justicia, no entendemos qué es el pecado y no entendemos qué es la gracia.

 

La historia de Uza es un ejemplo de justicia, no de misericordia divina. Pero ni siquiera podemos comenzar a entender la misericordia divina hasta que entendamos algo de la justicia divina.

Cuando la Biblia habla de la justicia de Dios, la conecta usualmente a la rectitud de divina. La justicia de Dios es conforme a su rectitud. No existe justicia sin rectitud; así, Siendo Dios rectitud total, así será su justicia.

 

La justicia de Dios siempre es y será una expresión de su carácter Santo.

 

La palabra justicia en la Biblia se refiere a la conformidad a una regla o norma. Dios actúa por las reglas. La norma final de justicia es Su propio carácter Santo. Lo que Dios hace es siempre consistente con quién es Dios. El siempre actúa conforme a su carácter Santo. En El no hay cambio alguno. Siendo Dios Santo, Él es absolutamente incapaz de un acto impío. Sólo los seres impíos cometen actos injustos y perversos. La injusticia humana a veces se describe en términos de no ponerse derecho. Nosotros somos desviados, por eso se describe a los criminales como que necesitan enderezarse.

 

Dios jamás ha hecho una cosa desviada o incorrecta.

 

El mató a Nadab y Abiú; El mató a Uza e hizo lo mismo con Ananías y Safira en Hechos 5. (También hay ejemplo en el NT). Todos estos fueron actos rectos de juicio. La Biblia enseña claramente que Dios es el Juez supremo del universo.

 

Muchos después de leer estas historias se preguntan si Dios es en realidad un juez justo. Pues para ser el Juez supremo de cielo y tierra Él debería de ser justo. Si el juez supremo es injusto, no podemos esperar que la justicia prevalezca alguna vez. Nosotros sabemos que los jueces terrenales pueden ser corruptos, reciben sobornos, muestran parcialidad, a veces actúan con ignorancia o cometen errores. Pero no es así con Dios. En El no hay corrupción, nadie puede sobornarlo, Él no es parcial, no muestra favoritismo. Deuteronomio 10:17.

 

Dios nunca actúa en ignorancia y nunca comete errores.

 

La gente puede pedir que se procese a los políticos, pero sólo un necio pediría que se procesara a Dios. El patriarca Abraham lidiaba con el tema de la justicia de Dios, cuando Él le anunció que iba a destruir a Sodoma y Gomorra. La destrucción de las ciudades sería total: hombres, mujeres y niños. Abraham se turbó, preocupado porque a causa de esta ira divina sobre las ciudades, gente recta perecería junto con los culpables. Si Dios arrasaba las ciudades en un acto de juicio, Abraham temía que el juicio seria indiscriminado, así como cuando un maestro castiga a toda la clase por las fallas de un alumno: Génesis 18:23-25.  

 

El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? Jamás se ha hecho una pregunta más retórica que ésta. Abraham asumió que matar a los justos junto con los malos estaba lejos de toda posibilidad con Dios. En realidad, Abraham no podía concebir cuán lejos era de Dios un acto así. No había la mínima posibilidad de que Dios condenara a los rectos junto con los culpables, porque Dios no hace eso. Si lo hiciera, cesaría de ser Santo, cesaría de ser Dios.

 

 

Dios estuvo dispuesto a ser condescendiente con Abraham y le dijo que si encontrara a cincuenta justos en la ciudad, Él la perdonaría. O lo haría por cuarenta y cinco, o por treinta, o por diez. En este punto, Abraham sólo tenía que encontrar diez personas justas para que Dios perdonara la ciudad. El texto implica que Dios hubiera perdonado la ciudad por una sola persona, si Abraham la hubiese encontrado. ¿Y qué sucedió a Sodoma y a Gomorra? Génesis 19:27-28. El Juez del cielo y de la tierra hizo lo recto. Ninguna persona inocente fue castigada.

 

La justicia de Dios nunca está divorciada de su rectitud. El jamás condena al inocente, nunca absuelve al culpable, nunca castiga con severidad excesiva, y nunca falla en recompensar a los justos, porque su justicia es perfecta.

 

Pero Dios no siempre actúa con justicia. Algunas veces actúa con misericordia. La misericordia no es justicia, pero tampoco es injusticia. La injusticia viola la rectitud, mientras que la misericordia manifiesta bondad y gracia sin transgredir la justicia. Nosotros podemos ver no justicia en Dios, que es misericordia, pero jamás veremos injusticia en El.

 

¿Por qué la diferencia tan obvia entre el tono del AT y NT? El AT parece mostrar a un Dios más severo que el que muestra el NT. Eso lo veremos la próxima clase. Justicia Santa Parte 2.

miércoles, 29 de mayo de 2024

Un Dios Santo 07: Tomar con seriedad la santidad. Lucas 10:27.

 El impacto de la santidad real es impresionante, al grado de hacer enfurecer a todos los que ostentan santidad, pero en realidad solo son hipócritas, como los fariseos, pero aún va más allá el impacto, pues La santidad provoca odio. Mientras más grande la santidad, más grande es la hostilidad humana hacia ella, es por ello que a pesar de ser el amor personalizado, con todo, el Señor Jesucristo fue crucificado, y ese odio es trasladado a su iglesia en la actualidad, es el motivo por el cual, a pesar de no tener inconvenientes o problemas con viejos amigos o familiares, estos se alejan de nosotros, a las personas les agrada la santidad, pero de lejos, no les gusta tenerla cerca, por eso el proverbista escribió huye el impío sin que nadie le persiga.

 

La santidad causa un fuerte impacto en los incrédulos, pero a veces no es así con los creyentes. ¿Cuántas veces vemos vidas de cristianos llenas de pecados impenitentes? ¿Cuántas veces se ha blasfemado el Nombre de Cristo por su causa? Y eso que es cristiano, es la frase que muchos usan para señalar nuestros evidentes pecados desvergonzados. ¿Por qué sucede esto? Es sencillo de contestar, es porque:

 

Lamentablemente la mayoría de los creyentes no toma con seriedad la santidad del Señor.

 

Si fijamos nuestra mente en la santidad de Dios, el resultado nos puede alterar. El espíritu de Martín Lutero fue turbado debido al profundo conocimiento del carácter santo de Dios.

La inusual personalidad de Lutero fue formada en parte por su estudio sobre Dios. ¿Mejoró o distorsionó esto su personalidad? ¿Se purificó o se atormentó su espíritu por su encuentro con Dios? ¿Amo a Dios? Algunas veces le odió. Esta es una expresión extraña saliendo de los labios de un hombre tan respetado por su celo religioso como Lutero. Pero así es. Él se destacó por hacer declaraciones fuera de lo común. A veces Cristo me parece un juez airado que viene a mí con una espada en sus manos. ¿Estaba este hombre loco? Antes de responder a esta pregunta, examinemos algunas características de la vida y la conducta de Lutero que han hecho que se le juzgue como tal.

 

1.    Tenía tempestuosos arranques de cólera un lenguaje exagerado. A él le gustaba llamar a sus críticos perros. Era dado a las explosiones de carácter. Sus insultos eran severos. Pero estas cosas, aunque suficientes para cuestionar su decoro, no tenían que ver con perder su juicio.

2.    Su conducta era a veces absolutamente grotesca. Lo afligían una variedad de fobias. Una historia bien conocida dice que Lutero caminaba en medio de una severa tormenta cuando un rayo cayó tan cerca de él que lo tiró al suelo y prometió que si sobrevivía se dedicaría en cuerpo y alma a servir a Dios en el monasterio. Poco después de esta experiencia, Lutero cumplió su voto. Renunció a sus estudios de leyes y entró al monasterio para la decepción de su padre, Hans. El temor de una muerte violenta, como una expresión del juicio y el castigo divino, espantaba a Lutero.

3.    La primera misa que celebró Lutero. Lutero comenzó la ceremonia con mucho porte, proyectando una conducta sacerdotal de confianza y autocontrol. En el momento de la oración de consagración de la hostia, en el que Lutero por primera vez habría de ejercitar su autoridad sacerdotal para evocar el poder de Dios en el gran milagro de la transubstanciación, se tambaleó. Se paralizó en el altar, como traspasado por una flecha. ¿Qué sucedió en el altar? Lutero dijo que quedó estupefacto y aterrorizado. Pensó ¿Con qué lengua voy a dirigirme a tal Majestad, si todos los hombres deberían de temblar aún ante la presencia de un príncipe terrenal? ¿Quién soy yo para levantar mis ojos o mis manos hacia la majestad divina? Porque yo soy polvo y ceniza, lleno de pecado y estoy hablándole al Dios vivo, eterno y verdadero.

 

4.    Su comparecencia en la dieta de Worms en 1521. Cuando dijo sus famosas palabras: A menos que sea convencido por las Escrituras y por la razón clara, yo no aceptaré la autoridad de los Papas y de los Concilios, porque ellos se contradicen unos a otros. Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios, por ello no puedo retractarme de nada, porque ir en contra de la conciencia no es bueno ni es seguro. Esta es mi posición, no puedo hacer otra cosa. Que Dios me ayude. Amén.

 

5.    Su adicción a confesarse. Lutero se propuso ser un monje perfecto, ayunaba por días y se sometía a severas formas de auto flagelación, y traspasaba las reglas del monasterio en asuntos de auto negación. Sus vigilias de oración eran más largas que las de cualquiera. Rehusaba las cobijas que se le asignaban, y se congelaba casi hasta la muerte. La práctica más extraña de Lutero tenía que ver con su hábito diario de confesión.

 

El requerimiento era que todos los pecados fuesen confesados, él sentía la necesidad de ir diariamente al confesionario buscando absolución. La confesión era una parte regular de la vida monástica. Los otros hermanos veían regularmente a sus confesores y se tomaban sólo unos minutos. Pero no así con Lutero. Él estaba perturbando al padre confesor, pues no se satisfacía con una breve descripción de sus pecados. Él quería asegurarse de que ningún pecado quedaba sin confesar. Entraba al confesionario y se estaba allí por horas diariamente. En una ocasión Lutero se pasó seis horas confesando los pecados que había cometido el día interior. Su complejo de culpa era distinto a cualquiera antes de él. Era tan morboso en su culpa, tan turbado en sus emociones, que ya no podía funcionar como un ser humano normal, ni siquiera como un monje normal. El seguía escapando de la tormenta de rayos.

 

6.    ¿A qué se debía la conducta de Lutero? Hay algo sobre los antecedentes y de la personalidad de Lutero que con frecuencia pasamos por alto, al no tomar en cuenta que antes de ir al monasterio, Lutero se distinguió como una de las mentes jóvenes más iluminadas de Europa en el campo de la jurisprudencia. Lutero era brillante. No había ningún problema con su mente. Su comprensión de los sutiles y difíciles puntos de la ley lo hacía sobresaliente. Algunos lo celebraban como a un genio legal.

 

Lutero no estaba loco. Era sin duda un genio que tenía un entendimiento superior de la ley. Una vez que aplicó su astuta mente legal a la ley de Dios, vio cosas que mucha gente no ve. Lutero examinó el Gran Mandamiento de Lucas 10:27. Entonces él se preguntó a sí mismo, ¿Cuál es la Gran Transgresión?

Algunos responden esta pregunta diciendo que el gran pecado es matar, adulterar, blasfemar o no creer. Lutero disentía. El concluyó que si el Gran Mandamiento era amar a Dios con todo el corazón, entonces:

 

La Gran Transgresión es no amar a Dios con todo el corazón.

 

La mayoría de la gente no piensa de esta manera. Ninguno de nosotros guarda el Gran Mandamiento por cinco minutos. Superficialmente, podemos pensar que lo hacemos, pero en los momentos de reflexión descubrimos que no es así. Tampoco amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Podemos hacer lo posible para evitar pensar profundamente sobre esto, pero siempre hay una incómoda sensación en el fondo de nuestra mente que nos acusa de quebrantar este mandamiento todos los días.

 

La mayoría piensa, que si todos nos quedamos cortos en amar perfectamente a Dios, así que, ¿para qué preocuparse por ello? Que si Dios castigara a todos los que fallan en guardar el Gran Mandamiento, tendría que castigar a todo el mundo. Que la prueba es muy grande, demasiado exigente, entonces, Dios tendrá que juzgamos a todos sobre estándares muy bajos. Lutero no lo vio de esta manera. Él se dio cuenta que:

 

Si Dios nos juzgara con estándares bajos, Él tendría que comprometer su Santidad.

 

Suponer que Dios hará eso es una suprema arrogancia y necedad. Dios no rebaja sus propias medidas para acomodarse a las nuestras. Él siempre es absolutamente Santo, Recto Y Justo. Pero nosotros somos injustos, y allí radica nuestro dilema. La mente de Lutero era acosada con la pregunta, ¿Cómo puede una persona injusta sobrevivir en la presencia de un Dios justo?

 

Lutero era el polo opuesto al personaje bíblico del joven rico que vino a Jesús inquiriendo acerca de su salvación: Lucas 18:18-20. Hay algo que con frecuencia la gente pasa por alto en este conocido encuentro de Jesús con el joven rico: el significado del saludo de este hombre hacia Jesús. Él le llamó Maestro bueno. Jesús no lo pasó por alto. Él supo de inmediato que estaba hablando con un hombre cuyo entendimiento de la palabra bueno era superficial. El hombre quería hablar con Jesús sobre la salvación. En lugar de eso, Jesús sutilmente cambió la conversación acerca de lo que era bueno, y aprovechó para enseñarle una inolvidable lección.

 

¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios. Aquí Jesús no estaba negando su divinidad, ni su bondad en ninguna manera, porque Él era bueno. Era la encarnación de sumo bien. El punto es que el joven rico, no sabiendo esto, estaba honrando a Jesús como un gran maestro, sin saber que le estaba hablando al Dios encarnado. Obviamente, el joven rico no conocía su Biblia. Había fallado entender el Salmo 14:1-3.

 

Este salmo es citado y amplificado en el NT por el apóstol Pablo. El mensaje es inconfundible. Nadie hace el bien, ni siquiera uno. Este ni siquiera uno borra toda posibilidad para la confusión. La acusación no permite excepciones salvo para el Hijo de Dios, quien es el único que hizo lo bueno. El espíritu humano se desentiende ante esta acusación universal.

 

·         Seguramente las Escrituras exageran.

·         Nosotros conocemos gente que hace lo bueno, algunos con frecuencia.

·         Reconocemos que nadie es perfecto.

·         Todos nos resbalamos ocasionalmente.

·         Todos hacemos cosas buenas de vez en cuando.

 

¿No es así? ¡No! Esto es precisamente la manera en que el joven rico pensaba. El medía la bondad con una regla equivocada; evaluaba las buenas obras desde la posición del nivel humano y externo.

 

Dios manda que nosotros hagamos cosas buenas. Pero Dios también mira el corazón. A Él le interesan nuestras motivaciones. Para que una buena obra satisfaga la medida de la bondad de Dios, debe brotar de un corazón que ama a Dios y a su prójimo perfectamente. Puesto que ninguno de nosotros alcanza ese perfecto amor por Dios y por el prójimo, todas nuestras obras externas están contaminadas. Ellas llevan la mancha de nuestras motivaciones corruptas.

 

La lógica de la Biblia es: Puesto que nadie tiene un corazón perfecto, nadie hace una obra realmente buena. Isaías 64:6.

VIDEO: Lanzan el primer comercial de toallas femeninas que muestra sangre  menstrual

 

La ley de Dios es El espejo de la verdadera justicia. Cuando ponemos nuestras obras ante este espejo, el reflejo muestra nuestras imperfecciones. Jesús puso este espejo ante los ojos del joven rico. Lucas 18:20. Los mandamientos que Jesús mencionó al joven rico son los de la llamada segunda tabla de la ley, que son los mandamientos que tratan con nuestra responsabilidad hacia nuestros semejantes. ¿Cómo respondió el joven rico? A él no le afectó. Miró calmadamente al espejo y no vio imperfecciones. Él contestó, Estas cosas las he guardado desde mi juventud. Lucas 18:21. Imagine la arrogancia e ignorancia de este hombre.

 

La respuesta del Señor fue sutil y efectiva: Lucas 18:21. Si alguna vez Jesús habló irónicamente fue aquí. Si tomásemos sus palabras literalmente concluiríamos que esta conversación la sostuvieron los dos hombres más justos de la historia, que fue un diálogo entre el Cordero sin mancha y un cordero con una sola mancha. Me encantaría oír a Jesús diciéndome que a mi perfección moral sólo le falta una cosa, pero nosotros sabemos bien que esto no es así.

 

Jesús lo confrontó con el primer mandamiento, No tendrás dioses ajenos delante de mí. ¿Qué hizo éste hombre? ¿Cómo lidió él con su única mancha? Él se fue con tristeza porque tenía grandes posesiones. El hombre fue puesto a prueba ante los Diez Mandamientos, y fracasó en la primera pregunta del examen. El punto de este relato no es establecer una ley que obligue al cristiano a deshacerse de todas sus propiedades privadas. El punto es que entendamos lo que es la obediencia y lo que la bondad requiere. Jesús le siguió la corriente a su pretensión y el hombre se desplomó.

 

Siglos más tarde, a Lutero, el Señor no tuvo que enseñarle una compleja lección para que entendiera su pecado. Él nunca le dijo a Lutero, Una cosa te falta. Lutero ya sabía que a él le faltaban muchas cosas. Él era un abogado; había estudiado la ley del AT conocía las demandas de un Dios Puro y Santo, y eso lo estaba volviendo loco. El genio de Lutero entendió un dilema legal que no pudo resolver. Parecía no haber solución posible. La pregunta que lo acosaba era:

 

¿Cómo un Dios justo puede aceptar a un hombre injusto?

 

Él sabía que su eterno destino dependía de la respuesta, pero él no podía encontrarla. Las personas normales, en su ignorancia se satisfacían pensando que Dios comprometería su propia excelencia y los dejaría entrar al cielo. Después de todo, no sería tan Majestuoso si los excluían a ellos. Dios tendrá que bajar sus estándares. Dos cosas separaban a Lutero de los demás hombres:

 

·         Primero, él sabía quién era Dios.

·         Segundo, el entendía las demandas de la ley de Dios.

 

Dominaba la ley, y a menos que llegara a entender el evangelio, moriría en tormento. Entonces sucedió: la máxima experiencia religiosa de Lutero. La llamada experiencia de la torre de Lutero cambió el curso de la historia del mundo. Fue una experiencia que envolvía un nuevo entendimiento de Dios, un nuevo entendimiento de su divina justicia. Fue un entendimiento de cómo Dios puede ser misericordioso sin comprometer tal justicia. Fue una nueva comprensión de cómo un Dios Santo expresa su Santo amor: entendió la frase: el justo por la fe vivirá.

 

Entendió que Si tienes una verdadera fe en Cristo como tu Salvador, entonces tienes un Dios de gracia, porque esa fe te guiará hacia el corazón de Dios. Romanos 1:17.

 

Cuando Lutero entendió el evangelio por primera vez, las puertas del paraíso se abrieron de par en par, y él entró por ellas. El justo por la fe vivirá, fue el grito de batalla de la Reforma Protestante: La idea de que la justificación es sólo por la fe y por los méritos de Cristo solamente, es tan central para el Evangelio que Lutero le llamó el artículo sobre el cual, la iglesia se sostiene o cae. Una vez que Lutero comprendió las enseñanzas de Pablo en Romanos, nació de nuevo. La carga de su culpa fue levantada. El enloquecedor tormento terminó.

 

¿Por qué entendió la justificación de un modo tan profundo? Obviamente por la Soberanía de Dios en la salvación, pero del lado humano, podemos entender que la seriedad con la que tomaba la Santidad de Dios fue lo que le abrió el camino:

 

·         Tenía tempestuosos arranques de cólera un lenguaje exagerado. Contra los enemigos del Dios Santo y su Santa doctrina.

·         Su conducta era a veces absolutamente grotesca. Debido a que tomaba muy en serio saber             que Dios es Justo y Santo.

·         La primera misa que celebró Lutero. Lo lleno de temor al pensar en la majestuosidad de la Santidad del Señor.

·         Su comparecencia en la dieta de Worms en 1521. Defendió la doctrina del Dios Santo.

·         Su adicción a confesarse. Al saberse un pecador incapaz de alcanzar los estándares del Dios Santo de la Escritura.

miércoles, 22 de mayo de 2024

Un Dios Santo 06: La Falsa Santidad de los Fariseos. Mateo 23:15.

En nuestra clase pasada vimos el impacto de la santidad por medio de dos historias bíblicas acontecidas en el mar de Galilea, la historia de cuando el Señor Jesús calma la tormenta y la historia de la pesca milagrosa, ambas relatan el impacto que el Señor Jesús causaba por medio de su santidad divina, pues en ninguno de los relatos lo vemos dar un sermón o una exhortación, ni siquiera una palabra. Es porque en el poder y la Santidad de Cristo, vieron algo más temible de lo que habían visto en la naturaleza. Ellos estaban en la presencia de lo Santo y la gente pecadora no se siente cómoda en la presencia de la santidad, las personas aprecian la excelencia moral, siempre y cuando este lejos, a una distancia segura de ellos.

 

Los desechados de la sociedad amaban al Señor Jesucristo porque Él les prestaba atención. Pero los que tenían posiciones de honor y poder no lo podían tolerar. Entre los judíos, el grupo que se declaró su enemigo mortal fue el de los fariseos.

 

Los fariseos se originaron en el periodo intertestamentario. Fue una secta fundada por hombres que tenían un gran celo por la ley. La palabra fariseo significa literalmente separado, pues los fariseos se separaban para ser santos. Muchas veces hemos sido muy duros con ellos, cuando alguien es religioso o rajatabla, por lo regular lo llamamos fariseos, pero en una forma despectiva, sin embargo, para los fariseos, buscar la santidad era la principal ocupación de sus vidas.

 

Si algún grupo debía haber celebrado cuando la santidad apareciera en escena, sería el de los fariseos. Por su singular devoción a la búsqueda de la santidad, los fariseos alcanzaron una popularidad y un respeto sin paralelo por piadosos y rectos. Nadie se les comparaba.

 

Ellos recibían los más elevados elogios, eran bienvenidos por doquier, gozaban de asientos privilegiados de los banquetes, y eran admirados como expertos en religión. Sus uniformes estaban decorados con las insignias de su exaltado rango, y podían ser vistos practicando sus virtudes en lugares públicos. Ayunaban donde todos pudieran verlos, inclinaban sus cabezas en solemnes oraciones en las esquinas de las calles y en los restaurantes. Cuando ellos daban limosna, todos oían el sonido de sus monedas en los vasos de los mendigos. Su santidad era clara, para que todos la vieran. Más, ante los ojos de Jesús eran hipócritas, y él pronunció sobre ellos el oráculo profético del juicio: Mateo 23:15.

 

Su denuncia fue severa; él criticó a los fariseos por varias cargos de hipocresía. Mateo 23:2-7. No había elegancia modesta en los fariseos. No había una belleza auténtica en su santidad. Ellos eran exhibicionistas y ostentosos en sus despliegues externos.

 

El problema con los fariseos es que su santidad era vergonzosa. Hipócritamente actuaban como artistas de la rectitud: Mateo 23:25-28.

 

Las palabras que Jesús usó eran impactantes. El representó a los fariseos como vasos limpios sólo por fuera.

 

Imagine ir a un restaurante y que el mesero le traiga un vaso que brilla de limpio por fuera pero que por dentro está lleno de los residuos del café de ayer. Eso haría poco para estimular nuestro apetito. Así eran los fariseos. Al igual, de la misma manera en que las tumbas blanqueadas ocultan la grotesca realidad de los cuerpos descompuestos y la carne putrefacta, así la fachada de los fariseos escondía de la vista la pudrición de sus almas. Consideremos por un momento algunos de los calificativos que Jesús reservó para los fariseos:

 

·         Serpientes.

·         Generación de víboras.

·         Guías ciegos.

·         Hijos del infierno.

·         Necios.

·         Sepulcros blanqueados.

 

Estas expresiones obviamente no pueden ser consideradas como halagos. Jesús no escatimó desprecios en sus denuncias contra estos hombres. Sus palabras fueron extraordinariamente severas, aunque no sin justificación. Sus palabras diferían de su estilo usual que consistía en amonestar a los pecadores con gentileza. A la mujer sorprendida en adulterio, Él le habló con ternura, aunque con firmeza, e igual a la mujer samaritana en el pozo. Parece que Jesús reservó sus comentarios más severos para los grandes, los teólogos profesionales. Con ellos Él no pidió ni concedió cuartel.

 

Podríamos decir que los fariseos odiaban a Jesús porque él los criticó tanto. 

Cuál era la razón por la que Jesús de Nazaret odiaba tanto a los fariseos?  - Quora

 

A nadie le gusta que lo critiquen, especialmente a la gente acostumbrada que la halaguen. Pero el rencor de los fariseos iba aún más lejos. Con seguridad podemos asumir que aunque Jesús no hubiese dicho nada contra ellos, ellos aún lo habrían despreciado. Su mera presencia era suficiente para hacerlos retroceder ante Él. Se dice que nada disipa la mentira más rápido que la verdad, y que nada expone la falsedad más rápido que lo genuino. Los billetes falsos pueden pasar desapercibidos ante un ojo inexperto. Lo que todo falsificador teme es que alguien examine su billete espurio mientras sostiene uno genuino al lado. De igual manera:

 

La presencia de Jesús representaba la presencia de lo genuino en medio de lo espurio. La aparición de la santidad genuina no le agradó a la santidad falsa.

 

Los saduceos tenían el mismo problema con Jesús. Ellos eran la clase exaltada del sacerdocio de la época. Habían tomado su nombre del sacerdote Sadoc, que a su vez provenía de la palabra hebrea para justo. Si los fariseos se consideraban los santos, los saduceos reclamaban ser los justos. Con la aparición de Jesús, su justicia , tomo la apariencia de injusticia. El resentimiento de los fariseos y los saduceos hacia Jesús comenzó como una leve irritación, se movió al nivel de un ardiente cólera y culminó explotando en vehementes demandas por su muerte. Ellos simplemente no podían tolerarlo.

En el mar de Galilea los discípulos fueron incapaces de encontrar una clasificación para Cristo; no encontraron respuesta para su pregunta, ¿Qué clase de hombre es este? Los fariseos y los saduceos tenían una respuesta inmediata. Ellos clasificaron a Jesús como un blasfemo y un demonio. Él tenía que desaparecer. Aquel que los sobrepasaba tenía que ser destruido. El Cristo encarnado ya no camina sobre la tierra. Él ha ascendido al cielo. Nadie lo ve o habla audiblemente con Él en la carne. Pero el poder amenazador de su santidad aún se puede sentir. Algunas veces es transferido a su pueblo.

 

Como los judíos al pie del monte Sinaí huyeron aterrorizados del rostro radiante de Moisés, así la gente hoy se siente incómoda ante la mera presencia de los cristianos.

 

Todos, o la mayoría hemos sido testigos alguna vez de que la plática que era amena, de repente se ve truncada de manera abrupta por la llegada de alguna persona no grata para uno o varios de los que están platicando, en nuestro país tenemos varios dichos unos algo ofensivos para describir esta situación, hay pájaros en el alambre, ya le cayó caca al pastel, son algunas de esas frases, el punto es que cuando llega alguien así todo se queda callado y se da aún más cuando es alguna persona con mayor autoridad, como el supervisor en el trabajo o el jefe de grupo en la escuela, o el pastor en la iglesia.  

 

Personalmente me pasó hace tiempo, al menos en un par de ocasiones, algunos de mis amigos de antaño, tan pronto como se enteraron de que soy un ministro, toda la atmósfera cambió, comenzaron a alejarse de mí sin decir nada, algunas veces se han reunido y ya ni me avisan. Es como si súbitamente hubiesen descubierto que yo tengo una terrible enfermedad contagiosa.

 

Cuando hablaban muchas veces se disculpaban por su lenguaje. Como si un ministro nunca hubiese oído palabras grotescas o fuese impensable que en toda su vida tales palabras jamás hayan pasado por sus labios. El complejo de Isaías de los labios inmundos aún sigue con nosotros. Por algo la Escritura dice que el impío huye sin que nadie lo persiga. Proverbios 28.1.

 

Lutero lo dijo así: El pagano tiembla ante el crujido de una hoja.

 

El incómodo sentimiento provocado por la presencia de un ministro proviene de la identificación con la iglesia con Cristo, lo que puede tener efectos extraños en la gente.

 

Muchas veces ni siquiera es necesarios decir una sola palabra sobre Dios, Jesús o la religión, ¿Cómo se puede explicar esto? Realmente no es difícil, los cristianos, al menos los genuinos, estamos tan identificado con la religión, tan asociado con las cosas de Dios, que nuestra mera presencia es suficiente para sofocar a una persona impía que huye cuando nadie lo persigue. Lutero estaba en lo correcto, los paganos tiemblan ante el crujido de una hoja. Ellos sienten que los ángeles del cielo respiran sobre sus cuellos. Se sienten acosados por la santidad, aun si es a través de un receptor humano, imperfecto y parcialmente santificado como nosotros.

Muchas personas entonces, tienen una reacción similar a la reacción de Pedro ante Jesucristo cuando dijo: Apártate de mí, Señor; soy hombre pecador. Sienten el trauma de la presencia de lo santo. Muchas de las veces:

 

La santidad provoca odio. Mientras más grande la santidad, más grande es la hostilidad humana hacia ella.

 

Es tan contradictorio, que ningún hombre fue tan amoroso como Jesús. Pero aún su amor enojaba a la gente. Su amor era perfecto, santo y trascendente, pero ese amor traumaba a la gente hipócrita, a los que ostentaban una falsa santidad. Es un amor tan majestuoso que no podían soportarlo. Su amor no tenía motivos ocultos, era puro; era un amor intenso, que provenía de una santidad infinita, pero que dejaba al descubierto que la santidad de ellos era espuria, solo una endeble imitación de la verdadera santidad.

 

Con Cristo, aunque su amor era constructivo. El mundo no pudo tolerarlo; lo podían amar pero sólo a la distancia. Cristo es seguro para muchos siempre que esté separado por el tiempo y el espacio, una relación de lejitos, donde Él los bendice y los cuida pero ellos no tienen que acercarse mucho ni a Él ni a su iglesia, pues está llena de gente que los hace sentir incomodos, es decir gente santa.

 

 

Un Dios Santo 11: Contender con Dios Parte 1. Habacuc 1:2-4.

La máxima expresión de la ira y la justicia de Dios se pueden ver en la cruz del calvario, es ahí donde la justicia santa de Dios se hace ...