El capítulo 14 del evangelio de Juan
contiene material exclusivo, nos narra cuando el Señor Jesús y sus discípulos
después de tomar la ultima cena, despiden a Judas Iscariote quien satanás ha
llenado su corazón para que le traicione, y han recibido otras dos noticias
devastadoras: el más rudo de ellos, Pedro, va a negarlo dentro de no mucho
tiempo y además el Señor ha comenzado a despedirse de ellos.
Es por ello que el Señor comienza a
consolar a sus discípulos para que su fe no decaiga al punto de extinguirse,
primero les dice que va a ir a preparar lugar para ellos en la casa de su
Padre, después. En respuesta a Tomás, les dicta el mashal más conocido en el mundo cristiano: Yo Soy el camino y la verdad y la vida y nadie viene al Padre si no es
por mí.
Sabiendo que necesitaban aún más ánimo, el
Señor les reconforta haciéndoles saber que los milagros, prodigios y señales que
eran continuos en su ministerio, no iban a cesar con su partida, al contrario,
al partir con el Padre y con el derramamiento del Espíritu Santo en el día de
pentecostés, es que los apóstoles fueron investidos de dones extraordinarios
como sello de confirmación del nuevo mensaje: el evangelio.
Y no solo las obras que el Señor
realizaba, aún mayores, hablando de amplitud: por todo el mundo y de
profundidad: el milagro del nuevo nacimiento, el más grande milagro de todos
los que puede haber.
Pero no termina ahí, les exhorta a ser
hombres de oración, pues todo lo que le
pidieren al Padre en su nombre, Él lo concederá. No podíamos esperar menos,
la oración como todo en la vida cristiana también es Cristocéntrica.
No podemos y no vamos a llegar nunca a ser cristianos
maduros, funcionales, que reflejemos el carácter de Cristo si la oración
diaria, intima y continua no se vuelve una parte trascendente de nuestras
vidas, el conocimiento sin oración produce legalismo, creer que somos
superiores solo por creer que sabemos un poco más que los demás, solo se va de
dos formas: o nos humillamos o DIOS nos humilla.
Es tiempo de que los cristianos dejemos de presumir de la gracia de Dios y mejor
empecemos realmente a depender de ella. No podemos decir que dependemos de la gracia de DIOS si no tenemos una
vida continua de oración.
El Señor Jesús continúa consolando el
afligido corazón de sus discípulos. Posteriormente el Señor les dice: 15 Si me amáis, guardad mis mandamientos.
Hay algunos comentaristas que afirman que
no hay relación entre esto y lo que precede, personalmente no estoy de acuerdo
en esa afirmación.
En esa misma noche, solo hora u Hora y
media antes el Señor les había dado el nuevo
precepto: el amor será su sello como mis
discípulos. Juan 13:34.
No es que el tema central en este discurso
sea el amor, sino más bien el darnos
la línea a seguir en cuanto a preceptos se refiere:
·
Su sello será
el amor. 13:34.
·
Sigan creyendo
en mí. 14:1.
·
Crean a mis
palabras y a mis obras. 14:11.
·
Orean al Padre
en mí Nombre. 14:13.
·
Si me aman,
guardarán mis mandatos. 14:15.
Pero ellas estos y todos los preceptos y
mandamientos DIOS nos los da para ser una bendición, no una pesada carga,
recordemos que cada ley, cada mandamiento, cada norma o precepto solo son
oportunidades de expresar a Cristo que vive en nosotros.
El enfoque legalista de este versículo es:
guarden mis mandamientos para demostrarme su amor, y por consecuencia se
comienza a hacer algo bueno para demostrarle a DIOS que le amas, sin embargo,
esto no es lo que dice este versículo.
Jesús dijo que si lo amamos vamos a guardar
sus mandamientos, amar a Cristo, fomentar nuestra relación con Él por
medio de la lectura de la Palabra, de la oración, de congregarnos, etc. va a
traer como resultado irremisible el guardar sus mandamientos, no al revés.
Si fracasamos en guardar los mandamientos, es
un síntoma del problema (falta de relación con Cristo) no es el problema en sí.
La verdadera cuestión al desobedecer a DIOS en sus mandamientos es la falta de
amor, si nos esforzamos más por obedecer
que por amarle, que no nos sorprenda el fallar una y otra vez.
Nunca olvidemos que este pasaje implica
que el amor precede a la obediencia. El Señor entonces continúa: 16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro
Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
Mientras los discípulos guardan los
preceptos de Cristo, Él rogará por una bendición que sobrepasa a todas las que
pudiéramos imaginar.
Pero no nos confundamos, su ruego no es
porque deseara darnos un premio, como
si el guardar sus mandamientos fuera lo que produce que el Espíritu venga a
nuestras vidas, al contrario, el Señor completamente consciente de que en nuestras fuerzas jamás podremos
cumplir con sus preceptos, pues el pecado nos lo impide, así que es su
sabiduría infinita, ya está terminando de ejecutar el Plan eterno de redención:
·
El
padre marca a sus elegidos en la eternidad pasada.
·
El
Hijo muere por esos elegidos.
·
El
Espíritu Santo llama y capacita a los elegidos para amar y obedecer a DIOS.
A manera de paréntesis dentro de nuestro
tema, sólo quiero hacer notar que el Señor Jesús, siendo igual a DIOS, uno
mismo con DIOS, el resplandor mismo de su Gloria, su Imagen, su misma Esencia y
Sustancia y le rogaba al Padre, para
aquellos insanos mentales que se atreven a dar órdenes a DIOS se declarando,
estableciendo o gritándole ahora, se bajen de su nube y recapaciten en su
proceder.
Jesús promete que en respuesta a este
ruego suyo, el Padre dará a los discípulos otro Consolador. En el siguiente versículo a este Consolador se le llama el Espíritu de verdad. El pasaje indica
claramente que el Espíritu Santo no es sólo un poder sino una persona, al igual
que el Padre y el Hijo.
Pasajes como Mateo 28:19 y 2ª Corintios
13:14 indican claramente que las tres personas son completamente iguales.
Todas poseen la misma esencia divina. Según el pasaje que estamos estudiando,
el Padre es quien da el Espíritu Santo en respuesta al ruego del Hijo.
En solo un par de versículos encontramos a
la Santísima Trinidad en plena comunión como siempre lo han estado, desde la
eternidad y hasta la eternidad, esta comunión resalta aún más atributos de DIOS
como su gracia y amor, pues siendo pleno, teniendo comunión perfecta consigo
mismo desde siempre, y aun así nos creó y nos eligió para estar con él por
siempre.
Al Espíritu aquí se le llama otro parakletos
(παράκλητος, G3875). A media semana, los días miércoles, en el estudio
de Pneumatología
vamos a estudiar próximamente este título que la Escritura da al
Espíritu Santo.
Por el momento nos baste con saber que el
término indica que es una persona a la cual los discípulos llaman con el fin de
que los consuele para siempre, una
vez más el Señor tiene en mente la flaqueza espiritual por la cual están
atravesando sus discípulos.
17
el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni
le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en
vosotros.
Al Paracleto se le llama aquí Espíritu de
verdad. Esto, según 16:13, significa
que él, siendo la verdad en persona, guía a su pueblo hacia ese ámbito de la verdad
que se encarna en la persona de Cristo y su redención.
El mundo, hablando de la sociedad separada
de DIOS, ha seguido la mentira ofrecida por el enemigo, y por lo tanto su
sentido de discernimiento espiritual está totalmente atrofiado, no perciba al
Espíritu ni sus acciones, no lo reconoce aunque lo tenga enfrente, en la época
de Jesús, las obras del Espíritu se las achacaban a Belcebú, en la actualidad,
las obras del diablo se las quieren achacar al Espíritu Santo.
Pero el Señor dice que hay una excepción a
este patrón: ustedes le conocéis, porque
mora con ustedes, y estará en ustedes. Aunque en realidad esto se llevará a
cabo en el día de pentecostés, el Señor Jesús habla como si las cosas ya fuesen
hechas.
Con el tiempo futuro ya presente en su
mente, el Señor habla en presente, pues sabe que lo que ha dicho,
indudablemente sucederá.
Lo importante en este texto, en realidad
es entender que después del día de pentecostés, los discípulos quedamos
permanentemente habilitados para discernir entre la verdad de la casi verdad, no por nuestra
inteligencia, no por nuestra propia capacidad, sino porque El Espíritu de
Verdad vive en nosotros. 1ª Corintios
2:7-16.
Los que en verdad hemos sido regenerados,
por la gracia de DIOS, tenemos la capacidad de discernir, el Espíritu en
nuestro interior, a como dé lugar, nos alejará de las mentiras heréticas que
abundan en la actualidad, si hemos llegado a abrazar la verdad, a seguirla, a
buscarla, a amarla, es por la acción interna del precioso Espíritu de DIOS en
nuestro corazón.
El Señor Jesús prosigue con sus animosas
palabras a los suyos: 18 No os dejaré
huérfanos; vendré a vosotros.
Lo que Jesús quiere decir es: Mi partida no será como la de un Padre cuyos
hijos quedan huérfanos cuando él muere. Yo mismo vuelvo a vosotros en el
Espíritu. El Espíritu revela al Cristo, lo glorifica, aplica sus méritos a
los corazones de los creyentes, hace eficaces sus enseñanzas en la vida de
ellos.
En consecuencia, cuando el Espíritu es
derramado, Cristo verdaderamente vuelve. Aquí en el versículo 18 la referencia
no es primordialmente a la segunda venida sino al regreso de Cristo en el
Espíritu en Pentecostés. Tenemos al menos 5 razones para adoptar esta posición:
a. El contexto
precedente inmediato se refiere al derramamiento del Espíritu.
b. También el
contexto siguiente inmediato.
c. Sólo así se
puede explicar que los discípulos no queden huérfanos.
d. En la
consumación de los tiempos Jesús vendrá al mundo además de venir a la iglesia. En
el Espíritu, derramado en Pentecostés, escoge como morada solamente a la
iglesia.
e. Uno de los
resultados de la venida a la que aquí se hace referencia en el versículo 18 es
que los discípulos conocerán que yo estoy
en el Padre y vosotros en mí, y yo en vosotros. A partir del día de
pentecostés, los discípulos podemos tener una relación íntima con el Padre por
medio del Espíritu Santo, en el Nombre DE Jesús. Romanos 6:3–11; 8:1; 12:5; 16:2,
3, 7, 11, 12, 13; 1ª Corintios 1:30; 4:10, 15, 17; 7:39; 9:1; 11:11; 15:31, 58;
16:19, etc.
Este sólo versículo acaba con la cobertura
de paternidad espiritual que muchos falsos apóstoles promueven en la
actualidad, no somos huérfanos, no
estamos a la deriva, no nos han dejado solos, y por lo tanto no tenemos
necesidad alguna de un padre espiritual que
se enseñoree de nuestras vidas.
19.
Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo
vivo, vosotros también viviréis
Ahora es la noche entre el jueves y el
viernes. El viernes Jesús morirá en la cruz. Después de esto el ya no lo verán.
Ni siquiera físicamente podrán observarlo. En el Espíritu, sin embargo, los
discípulos realmente observarán a Jesús, porque ese Espíritu, a partir de Pentecostés,
hará comprender en los corazones de estos hombres y de sus seguidores las
enseñanzas de Cristo referentes a sí mismo.
Ahora bien, a fin de ver a Jesús en su
tarea de llevar a cabo su programa triunfal en la iglesia por medio del
Espíritu, uno debe estar espiritualmente vivo. Los discípulos podrán ver u
observar a Jesús porque estarán vivos.
Vivirán porque Cristo vive. Cristo, que es
en su propia persona el camino, la verdad y la vida, es siempre la causa de la
vida espiritual de ellos, esta vida florecerá más abundantemente el día de
Pentecostés como también después; en consecuencia, respecto a ellos se utiliza
el tiempo futuro: vosotros también
viviréis.
20.
En aquel día vosotros reconoceréis que yo estoy en mí Padre, y vosotros en mí,
y yo en vosotros.
A partir del derramamiento del Espíritu
Santo, los discípulos y aquellos que después reciban a Cristo con fe viva
reconocerán y aceptarán con gozo la intimidad de la relación que existe entre
el Padre y el Hijo.
Entonces también comprenderán que esta
unión es a su vez el modelo de la relación entre Cristo y sus seguidores. Claro
está que estas dos relaciones no son idénticas. Entre el Padre y el Hijo hay
básicamente una unidad de esencia. Esta unidad es absoluta, incapaz de crecimiento.
Por otra parte, entre el Hijo y los
creyentes hay una unidad ética y espiritual. Lo amamos porque nos amó primero.
Esta unidad puede crecer. Sin embargo, ante el hecho de que Cristo por medio
del Espíritu vive realmente en el corazón de los creyentes, aquélla es
verdaderamente modelo de ésta.
La relación entre Cristo y los creyentes
es tan íntima que en tanto que él es la vid, ellos son los sarmientos. Él es el
pastor; ellos las ovejas. Son miembros del cuerpo del cual él es la cabeza.
21a
El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama ése es el que me ama...
Reconocer con gozo y ser obedientes a la
soberanía de Cristo y en consecuencia, la obediencia de sus preceptos y
mandamientos es la prueba de discipulado genuino. Enseñable y corregible, si no cumplimos ambos aspectos, no
cumplimos con el verdadero discipulado bíblico.
La estructura gramatical de la frase es
tal que uno puede volverla al revés y conservar la verdad, ahora vista desde un
ángulo opuesto: El que me ama, tiene mis
mandamientos y los guarda.
21b
Y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo también le amaré, y me
manifestaré a él.
Resalta que está escrito en tiempo futuro.
Pero ¿acaso el amor del Padre no precede al nuestro? ¿No es cierto que todo
nuestro amor no es sino la respuesta a su amor? No solamente es cierto, sino
que esto es exactamente lo que el apóstol Juan recordaba de la enseñanza de
Jesús. 1ª Juna 4:19.
Pero DIOS no está limitado por el tiempo
su amor puede tanto preceder como seguir al nuestro. DIOS nos amó antes de
conocerlo nosotros a Él y nos amará por siempre.
El amor de DIOS al preceder a nuestro
amor, crea en nosotros el deseo intenso de guardar los preceptos de Cristo;
luego, al seguir a nuestro amor, nos recompensa por guardarlos. Nada podría ser
jamás tan maravilloso como un arreglo así.
La expresión, y me manifestaré a él se realiza una y otra vez en la vida de los
creyentes:
·
Juan
15:26.16:13-14.
·
1ª Corintios
2:10-11.
·
1ª Corintios 12:3–7.
El señor Jesús se manifiesta en nuestras
vidas por medio del Espíritu Santo, de modo que podamos decir, Siempre el Señor estuvo a mi lado y me dio
fuerzas. 2ª Timoteo 4:17-18. Esta
manifestación de Cristo al creyente es siempre en el Espíritu y por medio de la
Palabra.
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